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Ilusionado diseño

Esta semana de manera fugaz inició su gira estelar el gran ilusionista argentino y tandilense René Lavand. Lo rescato porque en cada acto de su arte él remarcaba y subrayaba que más lento no se podía hacer.

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Con el tiempo hizo un culto de su locuaz muletilla incitando al ojo, provocando a la mirada en su desafío constante a tu cerebro.
Sin más te ilusionaba, te transportaba manejando tu asombro a gusto y placer.

ilusionismo

Más lento no se puede hacer.
Si uno mira y repasa la frase va a encontrar sin dudas el sentido opuesto de lo que se pretende que es ir más rápido, ahí uno puede empezar a descubrir que siempre hay lugar para aprender o para preguntarse cómo lo hizo y en esa disyuntiva o discusión surge lo que en definitiva es la mejor manera de lograr evolucionar o aprender.

Yo diseño, Tú diseñas, Él diseña y… ¿nosotros?
En el recitar deberíamos gritar a viva voz como un aula estereotipada de comercial publicitario DISEÑAMOS.

Pero ya fuera del comercial de tv que espectaculariza nuestra profesión a la sociedad deberíamos preguntarnos si realmente diseñamos, si somos eso que se muestra en el afiche de universidad para captar nuevos estudiantes a la carrera de diseño gráfico.
Es tiempo de cursos, talleres, escuelas, escuelitas, grupos o grupos reducidos dando un diferencial sumamente apetitoso del dulce néctar que el “maestro” nos traerá y dará para que luego todos podamos mágicamente hacer diseño.

Perdón pero me invaden las dudas y el terror.

Imagino que se apagan las luces del graphic show y en un sincericidio al mejor estilo de Krusty nuestro gurú de alguna técnica gráfica exhausto en su camarín reflexiona, “vienen y les doy lo que quieren, les muestro lo que quiero que vean y ¡Ya!”.
Él sabe que volverán por más como en el TVshopping donde satisfechos o insatisfechos dejarán algunos billetes y dirán que es un grupo divino.

No soy quien y tampoco tengo las herramientas morales para poder decir que eso esté bien o mal, hasta casi podría presentarme débil al asumirme con cierta envidia frente a esa capacidad de ilusión.

Constantemente pienso en si esta incapacidad reside en el acto de hacerme preguntas y cuestionarme si realmente DISEÑAMOS o esperamos que nos digan cómo hacer todo y hasta como diseñar.

¿Qué es tu líder?
Quién te entusiasma a diseñar y sacar lo mejor de vos. Hagámoslo al revés, te preguntaste al menos una vez quién o qué es el dueño de tu llave que te inspira a superarte.

Entiendo que es un tiempo donde el confort te gobierna, donde se espera a que el foro devuelva la respuesta justa o que el curso entregue ese conocimiento enlatado y si es de manera fácil mucho mejor.

Avanzamos hacia un modelo informático y no industrial donde la economía del conocimiento busca la construcción de sentidos y el adquirir la capacidad de encontrar valor en todo este universo es el norte hacia donde parece que avanzamos.

Mi mirada semanal intenta interpretar en estas líneas lo que veo del diseño aunque se me active siempre la duda a cada punto final. La incógnita de pensar que es hacer diseño es para mí el mayor acto de irracionalidad al que me puedo someter pero es sin dudas el lugar en el que entiendo no me molesta estar.

El ilusionista nos invita a quedar en ridículo al igual que la duda nos desnuda a saber que debemos encontrar alguna respuesta y en ese vaivén nos debatimos.
Por lo pronto me seduce la sutil idea de no querer saber cómo es el truco y de esperar con ansias el relato de una bella historia romántica como lo hacía René. Ver barajar las cartas con su única mano al tiempo que pienso en un plano secuencia cuasi cinematográfico donde una pareja vuelve a su casa caminando en una espléndida noche mientras discuten acaloradamente en cómo lo hizo.

Más lento no se puede hacer repite a medida que deduzco que en la duda están las razones por las que me es imposible pensar que se puede aprender a diseñar en cinco simples y atractivos tips.

Perdón pero debo confesar que cada día adoro más la palabra tip.

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