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Preso de un amor

Al final del largo y adusto pasillo se puede escuchar una radio encendida. Al tiempo que lo recorro tengo más referencia de lo que ahí está sonando. En una fracción de segundo como nuestro aplicativo de celular mi cerebro me entrega a quién pertenece ese tema, el nombre y hasta unos segundos del tema para poder tararear partes de la letra. Del hemisferio derecho informan al izquierdo que es la reversión del famoso tema de Gilda interpretado por los Ataque77 para su disco tributo.

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Preso_de_este_amor

Frente a una reja divisoria mientras aguardo ser autorizado a entrar a otro sector no solo veo esa radio sino que también largo con el canto mental de esta canción.

No me arrepiento de este amor
aunque me cueste el corazón
amar es un milagro y yo te amé
como nunca jamás lo imaginé.

Tiendo a arrancarme de tu piel
de tu recuerdo de tu ayer
yo siento que la vida se nos va
y que el día de hoy no volverá.

Después de cerrar la puerta
nuestra cama espera abierta
la locura apasionada del amor.

Y entre un te quiero y te quiero
vamos remontando al cielo
y no puedo arrepentirme de este amor.

“Señor, puede pasar”
Voy a aclarar que el entorno no es para nada amigable pero también debo confesar que acá llegue por mi absoluta voluntad. El lugar, una cárcel de máxima seguridad. Rápidamente y de manera casi obligada nos podemos preguntar como yo también lo hice ¿qué hace un diseñador acá?

Las razones formales eran ir al cierre de una jornada de trabajo conjuntamente con internos del penal pertenecientes a la CPU Batán y como bien reza una crónica estos detenidos luchan por hacer valer su derecho a estudiar una carrera universitaria pero trabas de aquí y de allá complican esa posibilidad. A sí mismo ellos no bajan los brazo, siguen trabajando para forjarse un futuro mejor, para resarcir el daño que ellos consideran le hicieron a la sociedad y para que les sea respetado el derecho a estudiar.

La educación en contexto de encierro es la libertad para un hombre que padece enclaustro.

La tarea, mi tarea y la de mi compañera, la artista plástica Cecilia Aracama era la de intervenir las paredes de un SUM como cierre de un retiro espiritual que unos días atrás habían realizado junto al capellán del penal y Andrea Mettler coordinadora del programa Trinidad de las Cárceles.

Vuelvo a la pregunta ¿qué hace un diseñador acá?
En la respuesta se me mezcla la frase de la canción que dice “no me arrepiento de este amor aunque me cueste el corazón” y el por qué está dado en la construcción de ese ideal profesional que por diversas razones deseadas o fortuitas y consensuadas comienza a mutar esos lineamientos tan formales a un área fronteriza con otra que desconoce pero que al mismo tiempo lo seduce.

De diseñador a artista visual para quienes entendemos que no es una simple rotulación es un paso fuerte y bien lo expresa el párrafo de la canción, es un territorio muy movilizador y cautivante.

En estos dos últimos años comencé a desasnar este camino de manera azarosa y aproximadamente un mes atrás tuve la fortuna de vivir esta experiencia jamás imaginada.

Tomo prestado de esta misma crónica un concepto que bien vale para todos, privados o no de la libertad. Cuando uno conoce y vive en el mismísimo infierno, se necesita un plus más de esperanza, valor y voluntad para comprometerse con la adquisición de conocimiento y la práctica de valores porque todo allí todo está dado para que ocurra lo contrario. Pero ellos son fuertes y gigantes en su apuesta a la vida, a la de hoy y a la de mañana, aquella que los espera detrás de los muros. Y cómo contagian…

Interesantes y alentadoras palabras para interpretar que la falta de libertad más allá del muro formal exige ese plus de esperanza para revertir realidades como la imposibilidad de desarrollo profesional, el espacio negado, ese, que muchas veces te desanima y confunde.

Siempre se aprende.
En tiempo de ponderación de la escucha tener estos regalos alienta a descubrir y descubrirse. Entiendo que mi objetivo quizás parezca egoísta porque a estos lugares como al que fui son para dar, llevar y no para llevarse pero ¿cómo no tomar algo de una mesa tan generosa y rica?

Procesar estos trabajos, espero se me permita la palabra trabajo, llevan tiempo y en más de una ocasión no se llega a conclusiones bien delineadas. Negarse a vivirlas está en la decisión personal de cada uno pero plantarte frente a una reja despintada que genera una trama con las otras tres que pasan por detrás y preguntarte y repreguntarte infinitas veces ¿qué hace un diseñador acá? como reza la publicidad de una tarjeta famosa de crédito “no tiene precio”, pero para todo lo demás está nuestro propio guardia carcelario que aprenderemos a convencer que estamos preparados para tener la libertad de cruzar esa frontera en un ir y venir profesional absolutamente responsable.

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