Carta del freelance

0
24

Las universidades presumen sus campañas publicitarias al determinar que cada una es la mejor en todo. Lanzamiento de becas que como estudiante te las van quitando. Las aulas son el cubo de una sombra y los maestros no están bien preparados. Ni modo. Ya estás ahí. Ya entraste. Ahora te tienes que graduar y ‘portarte bien’ para que tengas buen trabajo.

Los años soplan los semestres. Viviste, lloraste, reñiste, experimentaste y mañana es tu graduación. Las entrevistas de trabajo no son como pensabas, tampoco será la vida laboral. Ya no hay patrocinios, ni ayuda económica. Tu administración del tiempo es absurdamente compleja a la que tenías mientras estudiabas la carrera. LA situación de libertad se convierte en frustración pues las expectativas ya no fueron, eran como las llegaste a pensar y maquilar. Decides escribirte una carta para ver cual será tu siguiente paso:

Como hay ocasiones en que la perfección echa a perder hasta lo mas deseado. Por un lado se convierte en el elevador de ascenso y alcanzar el éxito. El éxito en que tus miedos y fracasos se unen y unifican hasta lo imposible. Todo lo planeado es imposible marchitarse ante unos ojos visionarios y soñadores.

En el otro lado de la mano está la perfección en la que esos mismos miedos aumentan su intensidad al máximo. Sientes que te adelantas a todo, pero no es nada más que tu cuerpo se hunde cada vez más y más en esas arenas movedizas. El momento es seleccionado por el botón de “pausa” y todo se bloquea, el nerviosismo en “play” hace que se nuble tu visión que según tu habías querido alcanzar.

El momento lo dejas a un lado, tu cinta en la mente se quema y quema pensando en puras estupidez que según tu es para `prevenir. El incendio mental con su mayor intensidad provoca el reflejo de la mediocridad y torpeza.
Uno es el molde de la cera aturdida por el tiempo, que provoca que el decir, el hacer y pensar sean de otra esencia. Una disculpa no será suficiente y regresar a ese molde imposible será. Recomendación de que el fuego forme el patrón de cada uno de nosotros y seamos como seamos enfrentemos aquellos placeres y deseos que querramos. Me siento un hostigador de deseos que lo único que provoco es repelerlos y nunca obtenerlos. Eso lo he sabido, sin embargo la mente se enreda entre el pulso del corazón. Emulando una gran confusión.

La libertad puede ser un momento de algunos segundos. Tomar ese café cargado y espumoso que al dar el trago cierras los ojos. Obviamente no quieres que ese momento termine. Eres tu y estás tú. El lugar saturado de charlas y miradas pesadas, pero no te importa.

Es la transformación de un estado contemporáneo y ordinario lo que nos ciega pensar lo en individual, por lo tanto lo colectivo. ¿De qué sirve si no la compartes? No hay que confundirnos con lo aspiracional. Seguramente no puedes ser feliz o libre hasta tener lo que siempre has añorado.

¿Qué sigue para mi? ¿Qué camino debo tomar? ¿Soy un adulto al mismo tiempo que un joven? ¿En realidad soy un FREElance?