5 pistas para entender lo lindo, lo feo y la seducción

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A fuego lento tu mirada. Como pidiendo un deseo, la cantautora Rosana, clama prolongar y cocinar nuestra atención lo más lento posible, esperando que la seducción lograda sea bien tierna.

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La idea de hoy es preguntarnos que representa lo lindo y lo feo en nuestro trabajo de diseñadores y como manejarnos con esas ganas locas de seducción con nuestro espectador.
Antes de iniciar cualquier tipo de análisis cabe aclarar que llegar a enamorar a todos es imposible.
El muchas veces odioso juzgamiento unipersonal cargado de subjetividades no entienden ni contemplan procesos, particularidades y factores que se han tenido en cuenta a la hora de diseñar y mucho menos sobre qué producto se ha trabajado.

Desde la niñez nos formamos y dividimos en opuestos, en constantes comparativos. Si algo es lindo inmediatamente le corresponderá su opuesto. Al alto, el bajo, al flaco, el gordo, al blanco, el negro y así nos perderíamos en un largo juego todo el día.

En el trabajo de diseñador se suele cometer un error clásico, el de hacer el estilo cliché del momento, el que nos gusta a nosotros o el que se impone.
Para tratar de no caer o incurrir por esos lugares con el afán de parecer lindos es que me dibujé estas cinco pistas para tratar de no equivocarme.
¡Ahí vamos!

Pista 1
Por mas que la mona se vista de seda mona queda.

Me gusta diseñar bajo los preceptos populares, que en mas de una ocasión, son sumamente contundentes para entender de forma clara y sencilla qué hacer.
El error más común del mal diseño es el de no observar. No interpretar a nuestro cliente, producto y su público. No escuchar qué nos está pidiendo y cuál es su necesidad.

Un diseño puede tener la letra del momento, el color, la morfología y todo lo que hoy quizás se está usando, pero el público al que va dirigido necesitaba simpleza, buena lectura y un generoso cuerpo tipográfico y tu diseño no contempló eso.
Por tal motivo es muy importante ver a la mona, respetarla como tal y no hacerla hacer el ridículo.

Pista 2
Un martillo no es chic, es un elemento de trabajo.

Si tu cliente tiene una metalúrgica no intentes hacer un trabajo para el concurso creativo. Respetarlo, entenderlo y hacer fluir buenos criterios de diseño para diferenciarte de las otras empresas del sector es uno de los mejores caminos a tomar.

Seguramente tus pares, tus allegados o familiares vean tu trabajo como feo, malo o quizás poco relevante, y sí, tiene un martillo en la gráfica y no la modelo seductora del momento como el anuncio del perfume que seguramente es mucho más lindo.
Tener claro que estás haciendo es lo importante y escuchar es bueno, al menos para aprender a explicar que es hacer diseño.

Pista 3
La culpa no es de la Comic Sans, es de su mala implementación.

Pobre nuestra mal tratada y vapuleada fuente insignia de cualquier ejemplo de algo feo. Yo vengo acá a ofrecer mi corazón, no voy a ser tan simplista como esa canción que proclamaba que se mueran los feos y saldré a defender que no es un problema de las cosas sino de como son presentadas.

La Comic Sans, para usar de ejemplo, ha sido abordada y usada antes por la gente que por diseñadores. Ha tenido la mala exposición y vulgar implementación siendo una víctima más de la democratización del uso de las herramientas. En una cultura del “hágalo usted mismo” sería muy fácil echarle la culpa al taladro de la rotura en la pared al intentar agujerearla.

Hoy se dispone de una amplia gama de fuentes en cualquier ordenador comprado en una tienda de electrodomésticos y si para hacer el cartel que dice “cuidado con el escalón” se deja en manos de una secretaria (sin ofender a nadie) es muy posible que lo haga en una letra simpática, con un interlineado excesivamente abierto y mal ubicado.
Por eso, la culpa, dicen por ahí que no es del chancho sino de quién le da de comer.

Pista 4
El buen diseño es anónimo.

Si se sabe a simple vista quién hizo tal o cual diseño, a mí, no me gusta. Me parece que es de una excesiva arrogancia, es, esa línea que no se debe traspasar.
Un caso donde nuestra tarea se hace muy difícil es en el diseño de un catálogo para un artista. Los diseñadores entramos en una ansiedad tal como la de un niño preguntón en una biblioteca donde no puede abrir la boca y romper el silencio.
Queremos imponer algo de nuestra mano, que se sepa que nosotros trabajamos. ¿Cómo, la mirada estará centrada solo en el cuadro?
Lo bello deberá ser siempre la pieza, como diseñadores somos una parte del todo y no el todo.

Pista 5
Menos es más.

Hoy por hoy vivimos una era mucho menos ingenua a la hora de hablar de cuestiones visuales. Tenemos una explosión de color, formas y medios tecnológicos al alcance de la mano, tenemos tanto dulce a nuestro alcance que seguro muchas veces nos termina por hacernos sentir muy mal.

Acá me voy a poner medio Zen y voy a subir a nuestro acto de diseñar esta insipiente conciencia contra consumista que bien nos vendrá para afrontar un mejor futuro. Tu cliente puede estar seducido con el 3D de la película que vio con su hijo y es seguro que quiera hacer algo así en su webpage, querrá que todo vuele, se mueva y explote.
Uno puede caer en la trampa, buen presupuesto, buena exposición, un gran desafío y… ¿Era la medicina que debía recetarle a su problema?
Si somos diseñadores y profesionales debemos actuar en consecuencia y entender que si el paciente no entiende y pretende decirnos que tratamiento quiere seguir debe ser atendido por otro.

La buenas prácticas y la transparencia son los cimientos para una comunicación efectiva de las ideas.
Hacer, porque algo hay que hacer, eso no es diseño.

En conclusión
Es muy posible que la foto de una milanesa con papas fritas tenga más “me gusta” que tu trabajo de diseño. Es muy posible que no logres entender que le pasa a la gente que se enamora con las fotos de gatitos y es muy seguro que no encontramos las razones o los por qué gustan tanto.

El diseño construye diálogos, formas de comunicación que deben respetar a quien nos está escuchando.
Qué es lindo o feo, a quién le gusta mas o menos es una cuestión del mercado, de factores muchas veces ajenos al control de lo que se está haciendo.
Vincent van Gogh murió con calambres en el estómago, loco y pobre. Hoy frente a un cuadro suyo una persona puede llorar por la dulce poesía de su imagen y al mismo tiempo en otro lugar pagarse una fortuna por un cuadro de él en una subasta.

Esas son nuestras propias contradicciones humanas, muchas veces influenciadas por el mercado y las necesidades creadas por otros en una oficina de un piso alto. Un claro ejemplo de esto es la tecnología y esa incesante carrera por hacernos sentir relegados frente a lo nuevo y detrás de ello estamos perdiendo de vista lo que tenemos y nuestra capacidad de análisis.

Entiendo que lo lindo, es, ese instante que te paras frente a la inmensidad de la naturaleza y te preguntas quién lo habrá hecho. El lugar donde crédulos e incrédulos confluyen en una valoración unánime, ¡es hermoso!.