Diseño ¿en renta?

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Hoy más que nunca está de moda rentar todo. No ser dueño de las cosas que uno usa no es nuevo. La ventaja esta en poder cambiar y renovar las cosas en la medida que queremos. Hoy rentamos desde un departamento, nuestro auto y la señal de tele. Hasta hace poco estábamos acostumbrados a comprar las licencias para usar los programas y fuentes, pero hoy en día, en esta tendencia de no poseer las cosas, comenzamos con obtener «prestados» espacio en la web para hospedar nuestros sitios, abrir cuentas en las redes sociales, rentar espacio en las nubes para respaldar los archivos y finalmente, rentar los programas que usamos. Quienes se mostraban con cierto rezago en esta tendencia eran los tenedores de los derechos de las tipografías que usamos.

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Hace una semana, Monotype, una de las casa tipográficas más antiguas que existen, anunció la posibilidad de comprar suscripciones para rentar todas (o casi todas) las tipografías en su haber, tanto para impresión como para web y dispositivos móviles. Adobe dio el primer paso con Typekit, pero esta idea viene diluida con toda su Creative Cloud.

Y es que el rentar los productos digitales debe representar una gran ventaja fiscal que, al contrario de comprar las licencias, permite deducciones mucho más íntegras de lo que pagamos por ellas.

Esto me pone a pensar sobre esta opción que tenemos los diseñadores cuando negociamos los precios de nuestro trabajo. ¿Será que hoy ya podría ser viable rentar diseño en lugar de venderlo? La posibilidad siempre ha estado ahí: un diseño podemos cobrarlo con dinero o algún intercambio (dos opciones muy recorridas hoy en día), pero también siempre ha estado el poder intercambiar utilidades o acciones de las empresas a cambio del diseño —cosa que nunca hacemos— o bien, rentarlo por un tiempo definido —que tampoco hacemos—.

Uno de los ejemplos más cercanos que tenemos están en los trabajos como modelo. Cuando contratamos a alguien para modelar en alguna campaña o producto, la imagen de la persona está sujeta a un tiempo determinado (casi siempre de 6 meses) y si queremos seguir ocupándola en la campaña, debemos volver a pagar como si la volviéramos a contratar, aunque ni siquiera se presente a un segundo shooting. Y si hablamos del mundo de la foto, también se paga la imagen para un propósito definido. Si compramos una foto para un anuncio de revista y después queremos reusarla para folletería u otra campaña, debemos obtener el permiso del fotógrafo, casi siempre viene acompañado del pago correspondiente.

Si hablamos de bancos de imágenes, tener una suscripción nos permite descargar imágenes con licencias para su uso, pero también podemos rentar fotos en exclusividad ya sea indefinidamente o por un tiempo determinado.

Hoy sería un buen momento para reflexionar si nuestro diseño es un producto perecedero que esté sujeto a una renta por un tiempo determinado, o para una aplicación en especial, y que requiera una nueva licencia para otras aplicaciones o por una extensión de tiempo. Quizá estamos en el comienzo de una idea, convendría debatir al respecto, poner esta posibilidad sobre la mesa. ¿Tú qué opinas?