Diseño, para qué

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Para qué, me pregunto.

Vuelvo y me levanto en la misma pregunta, para qué. Para qué me meto en esto de querer hacer participar. Para qué. Para qué pensar en que hay otros. Para qué construir juntos, para qué invitar si mejor es hacer selfies escritas, yo te digo que sigas mis cinco consejos obviamente exitosos, y vos, como yo te resuelvo el cómo, me das tu like en un número seguido de una hermosa K como premio. ¡Divino!

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Dicen los que saben que la red es el futuro, el lugar para construir, dialogar, colaborar, transparentar, divulgar u opinar entre tantas cosas. Ya hablamos en otra ocasión esto de la notable indiferencia y algunos reaccionaron solo tímidamente ese día confundiendo mi llamado a despabilar con un enojo propio con la vida, para luego no lograr mucho más.

Los que no somos nativos digitales entendemos soberanamente bien que esta plataforma llamada internet es genial y que tiene mucho más para dar que solo poner un dedito para arriba, seguir a un efímero influencer o pedir la escupidera en la noche anterior al examen final porque no tenés el apunte y menos idea de que había que estudiar.

Los dinosaurios seguimos creyendo.

No tengo problema si te parezco un viejo gruñón, pero verlos en grupos de facebook solamente pidiendo que otro les solucione el problema me llena de responsabilidad que no puedo callar y por sobre todo me da mucha pena. No te veo arriesgando nada, te veo con mucho miedo a opinar y hasta siento que no podés jugarte a decir para qué crees que estudias diseño o por qué deseas recibirte.

Tengo la sensación que vas a repetir la palabra PASION como muñeco programado de peluche y de ahí no vas a poder salir.
La generación como la mía o más adulta ya está jugada, y no digo que no sirvamos más, pero nuestra rebeldía no es la de los veinte por más que nos pese. Vos podés arriesgarlo todo, podés perder con desfachatez, dormir y vivir vertiginosamente porque tu pulsar es inmensamente superior.

Vos sos el que puede cambiar el mundo, pero parece que te están adormeciendo y no haces nada por salir de ese espacio confortable.
Nosotros los dinosaurios tenemos muchos sueños, queremos aún cambiar el mundo pero ya desde nuestra perspectiva. Hoy somos los que tenemos la obligación de decir las cosas por su nombre y de pegar el golpe en la mesa para decir que debemos reaccionar. También somos conscientes de nuestra culpa, por eso escribimos de esta manera.

Un señor maestro como es Ricardo Russelot escribe en su muro una clara descripción de esto que venimos hablando, lo transcribo directamente para que podamos entenderlo bien. “¡DA UN POCO DE ALGO!… UNO SE PONE A COLGAR CANTIDAD DE COSAS, CON EL TRABAJO QUE ESO DA, Y SOLO SE LES OCURRE DECIR “¿ME GUSTA?”… ¡QUE DECEPCIÓN…
Te dejo el nombre y no te digo mucho más, googlealo antes de emitir cualquier opinión y decime si no te sentís que de pronto todo lo que pensabas que eras se te escurrió entre las manos.
Decime si no encontrás en su trabajo que en él hay un montón de para qué.

Por favor, repito reaccionemos.

Nos estamos extinguiendo como profesión, nos disgregamos en el desencuentro generacional y nos devoramos en la necesidad, Caracol Consultores, gente muy preocupada porque entendamos que debemos vivir de nuestra profesión sita en su muro lo siguiente: “Me sorprende que ahora hasta los mismos diseñadores están buscando y contratando practicantes, becarios y diseñadores ofreciendo sueldos de hambre. La explotación ya se está poniendo de moda entre seres de la misma especie. ¿Por qué no luchar juntos por una profesión mejor pagada?”

Está claro que nos empezamos a fagocitar porque ya no tenemos razón de respetarnos, de enseñarnos y de dejarnos enseñar, de confrontarnos, de admirarnos o de sentirnos parte de esta profesión.
A las claras están los comentarios vacíos, en la anterior nota donde te invitaba a que me contaras tu para qué, solo Olga Baudilia Peralta se animó tímidamente a decir: “¿para qué? Muy bueno el comentario. Saludos Baudilia.”

¿Y?… No me sirve, no nos sirve.
Yo quiero saber tu para qué, quiero el espacio compartido a como nos salga, te invito a que digas, que te expreses libre.
Me importa muy poco si es extenso y no tiene poder de síntesis, me importa muy poco si no estás de acuerdo, me preocupa que tenés la oportunidad de decir y no lo hacés.

Nadie está obligado

Entiendo muy bien lo que es respetar el silencio pero esto es otra cosa, esto es autismo colectivo, esto es miedo.
Miedo a exponer una idea, miedo al error, miedo a quedar como un tonto, miedo al miedo.

La locura por hacerlos reaccionar llegó a las universidades y nos lleva a ver en prestigiosos diarios estos artículos delirantes. Docentes, ¿Profesores o showmen? Apuestan por charlas cortas y muy estimulantes; las universidades buscan docentes buenos y entretenidos.

¿Para esto queremos el futuro?

Como docente es poco estimulante enfrentar a un puñado de sujetos que recién entran a la universidad y creen que ya son lo que esperan ser, seres que no quitan la mirada de la pantalla del smartphone donde interactúan en un idioma degradado como zombies de caras iluminadas que solo esperan a gritos el límite del adulto.
Una pobre adolescencia extendida plagada de miedos que no logran magnificar el significado del poder tener la palabra, del ser independientes con todo lo que eso implica, de ser adultos libres.
Esos cuadraditos donde un cursor titila te dan el poder de opinar, de hablar.
Te preguntaste alguna vez que sería de vos sin todo lo que el hoy te ofrece y con una dictadura frente a tus ojos. Seguro dejarías tu silencio y te pondrías a hablar ¡ya!

Todo tiene que ver con todo

Vos te preguntarás que le pasó a este loco que nos habla a todos como padre enojado, te podrás cuestionar con que autoridad viene a decirme lo que me dice y estoy seguro de poder contestarte que tenés razón de ofenderte porque puedo estar equivocado de lo que pienso y que solo hablo por lo que observo pero, si no hablas, como dice el refrán “el que calla otorga” y hasta ahora no te he escuchado.

PAREDRO es un portal con noticias de nuestro mundo que sin vos es y será una cáscara vacía, un sitio más de información buena, regular o mala que te mira a ritmo de una estadística para vender publicidad y ya.
El valor del portal seguramente estará en tu crítica para que mejoremos, en tu participación para saber que no sos alguien al que le podemos decir cualquier cosa, que exige porque se exige y que quiere hablar y pensar en buen diseño.

Tu silencio se deja ver cuando haces diseño, tu repetir la fórmula desnuda sin dudas tus miedos, el solo quejarte te hace cómplice y el no participar te convierte sin dudas en culpable de lo que pasa.
Este mínimo lugar nos hace libres para pensar, sería tonto de mi parte usarlo para decirte como diseñar, yo no te puedo enseñar a pensar yo te debo invitar a dudar para descubrir, para aprender y realmente descubrir para qué diseño.

Vos sos y serás siempre esa hoja en blanco frente a tus ojos a intervenir y nadie mejor que vos para descubrir para qué te metiste en este lío.