Diseño político A.C.-2016 (y contando)

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Como ciudadanos tenemos de escoger cómo vivir y cómo morir. Los que te rodean piensan y dan consejos de lo que tú pudieras necesitar, obviamente para tu bien. La toma de decisión de una compra es complicada pero la hacemos demasiado fácil, ya sea porque no tienes tiempo o por mucho trabajo. That is bullshit, mates. Cada compra y decisión debe de alumbrar una emoción. Eso quiere decir que no importa el precio. La interrelación de lo bueno con lo bien que te sientes al consumirlo sin importar el precio y costo –por cierto, son cosas distintas-.

Por lo menos cada semana vamos a comprar nuestros víveres, nuestras garras para que te digan: “te ves súper chic” o “te ves bien guapo”. ¡Seeeeeee! Nos encanta que nos digan eso y es puro cuento que nos vale ma…. lo que dice la sociedad sobre cada uno de nosotros. Es todo lo contario, chavales. Nos vestimos para los demás y no para nosotros mismos.

Estamos frente a un anaquel y vemos los diferentes partidos políticos. ¿Qué demonios vamos a comprar? El costo, estás de acuerdo, es elevado al igual que el riesgo, ¿pero la emoción? El empaque del partido es el mismo desde hace casi un siglo. El contenido caducó hace décadas. El diseño no es lo más lindo que hayas visto.

¿Dónde esta el poder de convencimiento? Por lo menos agua negra carbonatada con cucharadas de azúcar es más dañina que el PRI o PAN o un INDEPENDIENTE; sin embargo Coca-Cola te muestra y enseña lo que tú quieres que veas. Su publicidad gestionada por geniales manipuladores de la psicología y aspectos conductuales. Te van vendiendo lo ideal que es el producto. Te convencieron. Pues al tomar el producto, tu cerebro estimulado o sobreestimulado conecta los recuerdos, mensajes, voces, jingles y demás sobre esa marca refresquera. He ahí la emoción. Sabes que hace daño. Sabes que no quita la sed. Sabes con eso destapan escusados y lavan monedas. También sabes que eso te hace sentir bien.

Regresando al consumo político. Siempre vemos y lo seguiremos haciendo campañas absurdas de publicidad de manera de dictadura. Siempre hemos sido los Hiroshimas de la publicidad política. Los bombardeos nos llegan para extinguir una raza que quiere un cambio. Aún siendo el hombre más poderoso del mundo se pueden llevar estrategias de humildad y de identificación con la gente que no votó por él o que sí. Veamos:

Billboards con diseños de preparatorianos que no tienen la idea de qué es una estrategia, pero para el partido le conviene pues es el primo del compadre que le va hacer el paro si gana la elección. O bien, simplemente sale gratis. Sin estrategia, sin historia y sin ningún sentido.

Campañas de radio mal diseñadas y estructuradas. Un sopt tras otro. Si escuchamos lo que queremos escuchar o por lo menos un 10%. El resto son tonos de mentira y de una mala asesoría. Claro mal pagada. Aunque fuera bien pagado el ego del candidato o futuro líder municipal o estatal no permite los comentarios de su mesa de trabajo.

Hoy viernes no se sabe quien ganó (día en el que fue escrita esta columna). Hoy lunes ya se sabe quien ganó. Ganó porque compraste un empaque horrible con producto caduco o porque estaba en oferta o en 2×1. Igual y sí, pero cuando compremos un político que nos provoque una emoción insaciable seremos un estado de categoría mundial o un país del G7.