Educando la mirada

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La observación es algo sumamente intrigante y vivo. Pienso y creo que es nuestra principal razón de acción en el trabajo cotidiano, una nafta vital para esa cultura visual de la que hablamos en la anterior salida.

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Quiero compartir este ensayo sobre el acto de mirar que realicé como cierre para una materia de formación en didáctica en la Universidad de Palermo.
Entiendo que poner la palabra FEO sobre un trabajo no es lo más políticamente correcto, pero si empezamos a observar vamos a descubrir mucho más por detrás de la simple expresión.

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A esta altura de la humanidad queda ya muy en claro, que todo en esta vida entra por los ojos, un concepto de muy larga data y lo bastante exacto como para establecer un punto de partida a este ensayo que tendrá como eje de trabajo a la observación. Ramón de Campoamor decía que todo es del color con el cristal con que se mira, por lo que intentaremos recorrer las diferentes tonalidades en pos de una idea del cómo es esto de aprender a mirar, observar y comprender para poder luego expresar.

La mirada en palabras de la ciencia
Posiblemente la visión es la puerta de entrada a la conciencia acerca de lo cual más se conoce. En principio, debe aceptarse que la visión es un proceso de abstracciones y construcciones sucesivas, así como de engaños de los que no siempre somos conscientes. Las llamadas ilusiones ópticas son, en el fondo, juegos que ponen en evidencia las limitaciones a las que nos somete la visión. La visión es un sentido particularmente útil para determinar las diferencias entre los procesos de percepción y de sensación.
Otra característica de la percepción y sensación visual es la capacidad de generar una idea conjunto a partir de elementos aparentemente dispersos.
Esta percepción gestáltica absolutamente intuitiva nos permite entender como “casa” a cuatro líneas, un cuadrado y un triángulo dibujados por un niño.

En el proceso evolutivo los humanos construimos nuestros sentidos de forma armónica y natural. Pero en caso de cegueras totales donde por medio de cirugías se logra restablecerle la vista, aprender a ver no es un fenómeno sencillo, recrear los circuitos necesarios para identificar visualmente al mundo es una tarea que puede llevar muchos años. Podemos entender este fenómeno por estudios de deprivación sensorial llevados a cabo en animales que demuestran que, nuestro sistema óptico debe estar preparado para percibir y sentir la información ya que, de lo contrario, ésta carecerá de sentido. ¿Será esta luz interior la misma que, según los griegos, se desprende de la retina para iluminar el mundo?

La agnosia visual está siendo investigada como un trampolín para el mundo de las invenciones internas, el mundo de la conciencia. La pregunta es saber qué grupos de neuronas son las responsables de este proceso de la sensación visual consciente, ¿será que hay neuronas responsables de estos fenómenos conscientes, o bien éstos están generados por grupos de células que actúan concertadamente?
En los monos parece haber grupos de áreas que podrían responder a dos preguntas muy bien definidas: “¿qué es lo que estoy mirando?” y “dónde está lo que estoy mirando con respecto a donde estoy yo?” La relación entre bananas y neuronas miradoras de bananas nos acerca a la cuestión de los llamados correlatos neurales de la conciencia, a los que justamente hemos llegado por la puerta de la percepción.

La observación desde la didáctica
Filtrar nuestro trabajo por el cristal de la neurociencia y entender un poco qué sucede en el acto de mirar-observar nos ayudará a articular cuestiones de la enseñanza en el aula y su inserción en la currícula de estudio.
Ahora trataremos de no mirar para poder observar y poner palabras que nos lleven un poco más cerca del y los procesos con los que la didáctica cuenta para trabajar el aula.
Bien pone de manifiesto Alicia Camillone, en sus “Reflexiones para La Construcción de una Didáctica para La Educación Superior”, la didáctica es una ciencia social que construye teorías de la enseñanza, también en el mismo escrito refuerza, que los contenidos se definen por las formas de su construcción en los procesos de aprendizaje que realizan los alumnos y que las formas de enseñar de los docentes se encuentran entre los factores de mayor importancia en la configuración de esos procesos.
Ahora bien, tengamos muy en cuenta que los aprendizajes de nivel superior tienen en su esencia la obligación de cubrir un vasto abanico de dominios de información donde el alumno genere un manejo de conocimientos de forma autónoma.

El docente es un modelo para el alumno“.
Alicia R. W de Camilloni

El ubicarnos como “modelo” más allá de ser una presión para el docente, se entiende que nos permite elaborar y desarrollar mucho más la estrategia general de enseñanza, en la construcción del entramado de contenidos y actividades para el aprendizaje.
Reflexionemos por un instante y antes de entrar al aula tengamos bien presente la idea que no existen formatos o métodos ideales de como organizar una clase, ya que depende de los fines propios que tiene la misma dentro de una secuencia de clases que contienen un eje rector común a la que definiremos como unidad didáctica.

Mirando el aula
Ya dentro del aula, las estrategias de aprendizaje tienen como objetivo, ayudar al alumno a aprender de forma significativa y autónoma los diferentes contenidos curriculares. Las diferencias individuales, la interacción entre el profesor y cada uno de sus alumnos o entre los diferentes individuos, la interacción entre los diferentes grupos de trabajo, el conocimiento y las características de los conocimientos conceptuales, procedimentales o actitudinales en cada tarea concreta, o incluso los contenidos priorizados por un profesor, son absolutamente decisivos, no solo en el tipo de aprendizaje que el alumno realiza, sino también en la actitud y la motivación de este alumno hacia la actividad escolar.
La comprensión y utilización de los procedimientos se acerca más al aprendizaje de las llamadas “técnicas de estudio”.
Bien define Carlos Moreneo a las habilidades como un conjunto de disposiciones de tipo genético que, una vez desarrolladas a través de la experiencia que produce el contacto con un entorno culturalmente organizado, darán lugar a habilidades individuales.

El factor que distingue un buen aprendizaje de otro malo o inadecuado es la capacidad de examinar las situaciones, las tareas y los problemas, y responder en consecuencia, y esta capacidad raras veces es enseñada o alentada en la escuela“.
(Nisbet y Shucksmith, 1986; pág. 47)

Llevando todo esto al aula
Reunidos en una gran mesa, los alumnos del curso congregados en su perímetro, realizarán un ejercicio de dibujo a mano alzada bajo pautas establecidas. Al centro de la mesa una manzana y un reloj esperan cubiertos por una tela. La expectativa crece y el docente fija las reglas. Primer dibujo que deberá ser realizado en dos minutos, segundo dibujo que de igual forma deberá ser realizado en treinta segundos, un tercer dibujo que deberá ser trabajado con la mano no hábil y un cuarto y último que no tendrá referencia de los objetos puestos en el centro apelándose a recuerdo de lo visto. Cronómetro en mano y a dibujar.

Luego de todo este proceso se colgarán las producciones y se las analizarán con el fin de poder establecer un diálogo colectivo y reflexivo, centrado en qué sucede entre la percepción y la emoción de forma consciente a través de los dibujos generados. Reflexionar sobre las sensaciones tiempo espaciales, las operaciones conjuntas y qué ocurre con nuestra observación al momento de ponerle pautas y cómo reaccionamos a ellas.
Construir conjuntamente esta capacidad de examinar y dialogar promueven un enriquecimiento del hacer, dado que se comienza a incorporar la mirada reflexiva como método de trabajo.

A modo de conclusión
Tomando los conceptos científicos y pedagógicos podemos en este ejercicio de aula taller revalorizar los principios activos de aprender haciendo, preguntándonos y respondiéndonos conjuntamente en pos de encontrar nuevas y mejores respuestas.
Iniciamos este recorrido afirmando categóricamente que todo entra por los ojos y terminaremos presos de las palabras de Antoine de Saint-Exupery, ya que para aprender a mirar primero tendremos que aprender a observar y ahí seguramente no será solamente con la vista, porque “Lo esencial es invisible a los ojos“.