Efecto UBER

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Es como el “AXE effect”. La diferencia es que en lugar que el sexo femenino persiga al sexo masculino; taxistas persiguen a carros de civiles.

Hace unos años tomé un taxi en avenida Thiers y Circuito Interior. Ahí en la frontera de la Miguel Hidalgo y Benito Juárez. Luces de neón rosas y moradas en el cielo del vehículo y a los costados. Entre los asientos un compartimiento donde había agua y bebidas carbonatadas. En la parte trasera de los asientos había un revistero respectivamente. Desde TV Notas hasta Forbes.

El destino era lo de menos. De hecho hubiera preferido ir a un lugar mucho más lejos que la colonia Hipódromo Condesa. El servicio del operador fue totalmente respetuoso. Hablaba si le sacabas plática. Ordenado y claro en su ‘jale’ (chamba). ¿Por qué las revistas y las bebidas? – le pregunté. Es un servicio que ofrezco sin ningún costo alguno – acertadamente respondió.

Él con todo respeto no tuvo las oportunidades que tú (lector o lectora). Sin estudiar un MBA en Mercadotecnia Estratégica o en Antropología Moderna, o en Psicología Organizacional. Un joven de pasadas sus 30 primaveras sabía perfectamente bien que el tener un excelente servicio podría lograr un mayor confort en sus clientes. El efecto dominó es demasiado sencillo de entender si amas lo que haces. Sólo que se necesita un poco de inteligencia y para eso no se necesita una licenciatura o MBA en el IPADE o ITAM.

En ese tiempo de esta bonita, cursi o ñoña remembranza UBER ya era conocido mundialmente; sin embargo después de dos años está compañía aterrizo en la ahora CDMX y antes D.F. Operadores de taxis tristemente estuvieron en contra de esta innovadora empresa. ¿Será que el monopolio es parte de nuestro ADN?

Tantas historias de taxistas quejándose de PEMEX, Telmex, Telcel, etc. Sin darse cuenta ellos fungían como un monopolio.

Así es. Su ira los llevó a causar desastres de manifestaciones. No hubo nadie quien los asesorara para ser parte de una organización y de esa manera poder innovar, por ende poder competir contra UBER.
Que un taxista contrate el servicio UBER y hable a la autoridad para denunciarlo. Hacer que pague una multa de 100 salarios mínimos adicional al corralón no tiene jefa.

La plusvalía de una ciudad puede aumentar. Las concesionarias de armadoras se han visto beneficiadas. La gente se dio cuenta que ya no necesita de un carro propio para poderse mover. UBER lo hace por ti. El estrés del tráfico en viernes lluvioso se lo delegas a quien esté manejando por ti. Los accidentes disminuyen al no manejar ebrio. Tampoco al no manejar mientras ‘güatsapeas’. Calificas al operador y tienes sus datos.

Esto se puede tornar en una columna de 10 cuartillas, pero no los quiero atormentar en su lunes. En pocas palabras: Taxistas, dejen llorar y pónganse a trabajar. Ya que para poder tener trabajo se necesita tener una rayita más de proactividad.