El arte del negocio de un museo

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Seguramente vamos a ciertos lugares con mayor frecuencia que otros. Sin importar lo que pagues siempre y cuando el producto sea bueno, el servicio al cliente sea más allá de las expectativas y que el ambiente del inmueble sea parte de ti como si estuvieras en casa.

En ciudades pequeñas hay poco de esto. Se frecuenta el mismo lugar porque ya te conocen, pero sabes que el servicio o el producto es nefasto. Es una oportunidad increíble para la competencia en ponerse las pilas y buscar, por lo tanto encontrar las áreas de oportunidad. Tan fácil como trazar un mapa de producto. Ver donde te encuentras ahora y donde quieres estar mañana.

La venta de arte y cultura es muy escéptica. ¿Vale esta obra tanto? ¿Por qué tan barata, estará en problemas económicos? Somos ¿sí o no una sociedad insaciable? Criticamos y nos vamos por lo mejor según un precio elevado (gran error si eso es lo que piensas) o degradamos al artista y no consumimos su arte. Y si lo queremos, buscamos descuentos con identificaciones falsas de docente, INAPAM, o de estudiante.

Imagínense en un lugar, donde haya pocos museos. ¿ya? Esos museos ofrecen casi lo mismo todo el año. De lo innovador que frecen, ya sea una exposición temporal la quitan al segundo mes. Esto es por parte del producto.

Vámonos del lado del servicio al cliente. Revisas su sitios web, claro, si es que tienen. Si no tienen. Bueno, te vas a la redes sociales. La foto de perfil es de 1993 y la foto de portada esta en gris porque no han subido ninguna. El último comentario fue durante las olimpiadas de Sídney, es decir hace 16 años. La taquilla es una persona que no sabe nada de arte, nada del museo y mucho menos nada de lo que exponen. Lo único que sabe es su hora de entrada, para comer y de salida. Ah y la dirección para ir al baño.

Y nos preguntamos: “¿por qué no consumimos arte?”. Falta la parte de el ambiente. Desde la iluminación, la limpieza o higiene. La museografía, y el olor a madera vieja o a óleo. El mercadeo del arte. El donde y el porque de acomodar las frutas y verduras hasta atrás. Lo mismo acá. Por qué poner lo mejor hasta el final. La colorimetría y la sensación que tú y tú te estás volviendo más culto. Pero no. Eso fue un sueño y no se ve nada de eso.

El sustituto o competencia indirecta se vuelve la más directa pues no hay nada que atrape al turista o visitante y prefiere no entrar. De cierta manera no dura ni el tiempo de recorrido promedio porque la cafetería del museo esta cerrado ese día o el dueño no se levantó.

Estamos en todo nuestro derecho a no ir a sus lugares por esos 3 importantes puntos y preferimos ir a un bar o a tomar una copa de vino. Por lo menos unos se va a culturizar más leyendo el menú que visitar tantas penas.

De lo contrario los inmuebles no hacen nada para que regreses y te den un programa de lealtad. Que sugieras en redes sociales que película quieres ver. La obra de teatro o por lo menos la trama o giro. En promedio en una ciudad pequeña la gente visita 2 veces al año museos. Y eso porque la entrada es muy económica. Se dice que no se tiene dinero, pero es simplemente el sacrificio de cartera el que te permite decidir que te conviene más o menos. Ticket promedio de un museo cuesta $40.00. Con eso te alcanza para una caguama o unos dorinachos. La culpa no lo tenemos nosotros.

Sino las instituciones que financian el arte de una ciudad. La falta de oportunidades a artistas emergentes y de la declinación del desarrollo personal, en pocas palabras venga el conformismo y abajo el conocer aptitudes nuevas que nunca creí conocer.