El camino al Óscar pasa por la radio

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Todos los días, cuando el despertador sonaba a las 6:00 de la mañana indicaba dos cosas: debía levantarme para ir a la prepa y escuchar a Martín Hernández en WFM. Recuerdo aquella vez que paró una canción de Debbie Gibson y rompió el disco al aire por que simplemente no podía ser que en esa estación se escuchara música como esa. También recuerdo cuando nos regaló una sesión terapéutica haciendo añicos un despertador con un bate de béisbol justo cuando comenzó a sonar. Su sello era hablar justo hasta que el cantante comenzara la canción, en un perfecto timing.

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WFM no era una estación convencional, no tenía locutores todo el día, solamente a Martín por las mañanas, a Alejandro González Inárritu a mediodía y Charo Fernández por la tarde. El demás tiempo uno podía sentarse tranquilamente a escuchar música en inglés. Inárritu —apodado «el Negro» también estaba loco. En alguna ocasión metió a una banda que se encontró en la calle para que tocaran algo en el estudio. Cuando inició la guerra del Pérsico organizaron una protesta tocando todo el día la canción de John Lennon «Love is Real», una y otra vez. Celebraban su aniversario dedicando cada día a revivir cada año que habían estado al aire y organizaba «el día de los animales» para crear consciencia social. Crearon el primer programa de radio para televisión, llamado «Magia Digital»: una hora a la semana con videos «robados» de MTV y con su eslogan «Tus ojos escuchan, lo que tus oídos ven», motivo de estudios en escuelas de comunicación.

Quizá todo esto lo veamos como algo normal, el modelo que implementaron hoy ha invadido casi todas las estaciones de radio y sus locutores. Los lunes, por ejemplo, no repetían ninguna canción, organizaron una temporada en la que no se escuchaban comerciales e innovaron en los concursos de radio enviando a los escuchas para ver conciertos de Madonna a España, a Def Leppard o cualquier mainstream que se negaba a visitar nuestro país, a través de geniales concursos que retaban a la gente a hacer más allá que una simple llamada y contestar una pregunta.

Lo más famoso que tenían eran sus promocionales, perfectamente producidos y desbordando creatividad: celebraban sus aniversarios y la navidad con promocionales que eran, más bien, producciones auditivas de primer nivel. «El pavo asesino», su promocional navideño, era repetido una y otra vez.

El primero en salir fue Alejandro González Inárritu, a finales de los ochenta, que coincidió un poco con Martha Debayle, después Martín Hernández y después de mucho tiempo Charo Fernández. Los primeros dos pusieron la agencia Z Publicidad mientras hacían proyectos independientes. Iñárritu incursionó por primera vez en el cine, haciendo una serie para Televisa llamada El billete con Miguel Bosé como protagonista. Martín se dedicó al sonido.

Este mismo camino los llevó por el camino cinematográfico de Hollywood hasta el día de hoy, que tras filmar Birdman, alcanzan sendas nominaciones en el área de dirección y sonido, junto con otras 7, incluyendo mejor película. Iñárritu con un estilo tan característico que resulta innegable su firma en cada una de sus producciones, mientras que el sonido de Martín Hernández rebasa el promedio en cuanto a calidad y autenticidad.

Da gusto ver a muchos mexicanos cuyos nombres comienzan a sobresalir, especialmente en el rubro del cine, pero un mérito extra para este par de personajes que crecieron conmigo y no solo mexicanos, sino hechos en México, descubriendo una ruta que quizá pensábamos no tenía conexiones, en una carrera que me ha tocado seguir de cerca desde mediados de los ochentas y que me llena de orgullo. Ojalá y ganen, pero verán que si no es en ésta, su carrera va en ascenso constante.

Nosotros aprendemos que, la creatividad es un vehículo que se niega a estacionarse en un solo lugar para hacer una sola cosa.