El diseño piensa, por 5 razones…

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Arrancar afirmando esto de forma tan contundente en un título al menos presupone que, el que escribe estas líneas tiene la fórmula de la coca cola o algo similar. 
Muy por el contrario, lo que sí puedo afirmar, es que tengo infinidad de dudas y cuestiones por descubrir y eso me deja mucho más tranquilo a la hora de aceptarme diseñador. 

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Pero, por qué uno puede sustentarse en la idea de vivir con un manual de usos y aplicaciones con hojas en blanco. 
Creo que mucho de esto radica en la dinámica del desaprender, que con más frecuencia está más instalada en nuestra profesión, la función y acción de lo que estamos haciendo muta y se transforma en un proceso evolutivo sumamente rápido, impulsado por el gran impacto tecnológico comunicacional al que estamos siendo sometidos como sociedad. 

Una gran ventaja con la que corremos es la de ser de estructura blanda lo que nos posibilita el amoldarnos y adaptarnos a la realidad cambiante y así seguir dando soluciones a las diversas problemáticas para las que somos requeridos.  

Buenas noticias, tenemos datos. 
Esta semana el CMD Centro Metropolitano de Diseño y La Fundación Observatorio PYME presentaron en la Ciudad de Buenos Aires la segunda encuesta PyME+Diseño y entre tanto número y cuestiones técnicas propias de una encuesta surgen pinceladas sumamente interesante de ver y analizar. 

Voy a describir por qué yo creo en esto de que el diseño piensa en estas cinco razones, basándome en apreciar que nuestra actividad goza de proyección intelectual por sobre toda expresión resolutiva que podamos ver en cada proyecto. 

Primera razón.
El interés de los estados y gobiernos. 

De palabra de funcionarios de estado o actuantes en áreas productivas se puede escuchar que somos una actividad estratégica por nuestro alto valor agregado que aporta a la economía diferenciadores de productos y servicios a los mercados externos e internos. 
 
Segunda razón.
La diversificación. 

Se reconoce al diseño como un amplio abanico de prácticas profesionales y muchas de ellas ya no ponen el énfasis estrictamente en el producto sino, más bien, en los procesos y efectos que el diseño genera en un determinado grupo social u organización. 
 
Tercera razón.
La evolución de la especie. 

Esta es la razón más interesante que descubrí, por su espíritu de esperanza. Entiendo que la evolución presupone en su estado crítico como el paso al próximo escalón superior. En el escrito se reconoce que nociones como “Gestión de Diseño o Diseño Estratégico y Pensamiento de Diseño” reflejan el accionar más contemporáneo de la disciplina. Igualmente, no siempre son todas alegrías, si bien los estudios y profesionales de diseño han avanzado en ampliar su oferta en este campo, resulta ser el menos consumido y buscado por las PyMES. Existen también instancias en que reciben un acompañamiento estratégico y no llegan a dimensionarlo intelectualmente y menos económicamente por no ser facturados los honorarios por este servicio. 

Pese a todo sigo pensando que es una muy buena noticia que estemos en un proceso de transformación y que con el tiempo el mercado lo asimilará, siempre y cuando, articulemos políticas conjuntas entre todos los actuantes.   
 
Cuarta razón.
La inserción. 

Poco a poco vamos dejando atrás la idea de ser trabajadores que hacemos dibujitos o cosas simpáticas. Hoy podemos pensarnos como articuladores que a diferencia de la ingeniería y el marketing que están enfocados en aspectos productivos y comerciales, nuestra actividad viene a darles dinámica a ambas dimensiones funcionando como nexo entre los diferentes lenguajes que cada una maneja. 
Sumado a esto, el diseño aporta un aspecto particular de la innovación que está centrada en el usuario. 
 
Quinta razón.
No estamos solos. 

Que haya gente que es ajena al diseño pensando y pensándonos, incluyéndonos y generando estudios porque creen que se debe poner en valor nuestro aporte en la generación del desarrollo económico al considerarnos una actividad de innovación, debe ponernos de pie y estimularnos a pensarnos y repensarnos de mejor manera hacia un nuevo modelo de diseñador. 
 
Estamos en el ojo de la tormenta. 
Está más que claro que no caminamos hoy por un colchón de pétalos de rosas, que el día a día comercial e intelectual se nos hace friccionado y en más de una ocasión las convicciones se desdibujan. 

Que existe una irresponsable sobredimensión de la generación profesional o una sobreoferta variada e irregular de la formación académica, también es cierto y muy preocupante, pero que se empiecen a ver encuestas de este tipo, que el Colegio de Diseñadores Gráficos de Misiones solicite la remoción del término “Diseño Gráfico” de cursos, que se empiece a ver cada día más asociaciones o colegios y que la lucha de los compañeros de Asturias por continuar con una educación pública, gratuita y de calidad, habla o más bien grita que ya no nos estamos pensando como seres únicos, que estamos dejando nuestros egos artísticos y comerciales de lado para defender y defendernos colectivamente como actividad. 
 
El momento es especial y de un gran dinamismo, hoy, mientras escribo esta columna es el día mundial del diseño y yo describo y escribo sobre lo que creo saber hacer, y es mi obsesión y deseo que mi mirada se encuentre a la altura de lo que está sucediendo y con suficiente generosidad para aportar ese pequeño vector del gran dibujo colectivo llamado diseño.
Entiendo, en estas razones que hay un futuro, que quizás, no lo disfrutemos o lo podamos ver nosotros, pero que bien vale la pena seguir trabajándolo y forjándolo.

Compañeros, ante todo ¡Feliz día!