Entendiendo el rediseño del Tec

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No había el Tecnológico de Monterrey terminado de subir toda la información relacionada con la nueva imagen cuando las redes sociales —encabezadas por diseñadores y alumnos de la escuela— ya estaban criticando a todo lo que da este nuevo isotipo: una antorcha contenida en un círculo y con el nombre de la institución en una tipografía patinada.

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Vivimos en una época donde el cambio es la constante que parece darle sentido a nuestra existencia. Dentro de estos aires de modernidad está el hacer una revisión a la imagen de prácticamente todas las marcas, y los cambios de identidad son tan comunes que de pronto todo pareciera viejo y requiere cambiar urgentemente.

Si somos sinceros, el Tec sí necesitaba esta actualización: no se trata de una institución tan antigua como la UNAM y siempre ha portado la bandera de ser vanguardia en educación (fue la primera universidad que adoptó la Mac, por ejemplo, en la década de los noventa, mientras otras apenas analizaban la posibilidad de incorporar clases de cómputo). Aún así, su isotipo (logotipo + símbolo), que se acerca más a un escudo, mostraba ciertas discrepancias en cuanto al estilo de trazo y su construcción. Eran como dos escudos: uno dentro de círculo y otro afuera; demasiados conceptos para vertirlos en una imagen y que continúe en este mismo sentido unificador.

Así que cambiaron. Y no escatimaron en ello, se hicieron de los servicios de uno de los mejores despachos del mundo: Chermayeff, Geismar & Haviv, quienes entre sus clientes han desfilado Armani Exchange, NBC, National Geographic, Merck, Mobil y una interminable lista que ni siquiera se toman la molestia de enumerarlos en su portafolio. Uno pensaría que con una garantía de ese tamaño el resultado final será inapelable y encontrarían la mejor solución que alguien pudiera tener.

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No soy nadie para juzgar el resultado (porque además no me invitaron a la presentación de propuestas). Podré tener mis propias conclusiones al respecto, pero más allá de mi gusto, podemos tomar algunos datos que creo nos serán útiles para entender el por qué de este resultado: Resulta que países como Estados Unidos tienen una cultura visual mucho más avanzada —aunque nos dé coraje, así es—. Son muy pocos quienes se aventuran a iniciar un negocio sin hacerse primero de un profesional que les diseñe la imagen; por estos lugares esta tendencia va creciendo, pero aún existen muchos Pepes y Toños que en el afán de ahorrar lo más posible terminan encargando el diseño a su sobrino que dibuja bien bonito.

Esta cultura visual a veces satura los mercados (si ustedes caminan alguna vez por Nueva York, Manhattan resulta ser un gran mall al aire libre porque todos los edificios en su planta baja tienen al menos un comercio) y la tendencia en este tipo de lugares se dirige a la simplicidad, a buscar crear mayor contraste entre tanto ruido. Logos como el de New York Times o Warner Brothers difícilmente se ven hoy en día como nuevas propuestas. Cada vez abundan más los logotipos sencillos con algún elemento identificador.

En México, contrariamente, la parte visual está sobresaturada de colores desbordantes e imágenes muy fuertes. Es parte de nuestra idiosincrasia. Las letras siempre tienen que ser bold, con sombras y grandes. Rara vez nos toparemos con anuncios minimalistas y simples, hasta un tanto retóricos. De ahí que la imagen diseñada para el Tec de Monterrey no pertenezca tanto a este lado de la frontera, donde además, los elementos identificados quedan totalmente resumidos a tres (la antorcha, el envolvente (círculo) y la tipografía, en un color azul, cuya tonalidad no nos da ningún referente particular.

En cuanto a la tipografía, los patines —cada vez más relegados de las identidades comerciales— le dan un sentido más corporativo, de tal forma que al ver estos elementos en conjunto, si no supiéramos hablar español, podría tratarse del logo del algún banco o aseguradora.

Todo este razonamiento no es precisamente una crítica en contra, definitivamente esta nueva imagen sobresale del resto de las universidades. Quizá por esto no nos identificamos tanto con ella, pero definitivamente contiene un mensaje contundente que responde a una sencillez que quizá no veremos en nuestro país en los próximos años. Podría ser un punto a favor o en contra, se trata más bien de una apuesta, que como toda tiene su precio: los miles de memes y burlas, los comentarios en contra pero quizá la más delicada es el desligue de la institución con sus representados, que deberán asumir esta nueva identidad en sus vidas universitarias. Quizá pronto se acostumbren y toda esta polémica sirva como publicidad gratis.

¿El isotipo funciona? En el papel sí, en el gusto de la gente me aventuraría a predecir que será difícil, en el gusto de los diseñadores creo el mensaje ha quedado claro.