Hermann Zapf, el tipógrafo que marcó a una era

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Son pocos quienes han tenido la oportunidad de presenciar la evolución de la tipografía en el siglo XX, de los tipos móviles a la fotocomposición a la era digital. Aunque la transición entre las primeras dos se dio más bien en el siglo anterior, fue durante un periodo de tiempo más bien largo, aún sin la velocidad de transformación que caracteriza los tiempos que vivimos. Y la lista se reduce aún más cuando buscamos quienes a más de testigos, fueron agentes de cambio que moldearon el camino hacia la forma en la cual interactuámos con el mundo de las letras y los signos.

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En esta pequeña lista está Hermann Zapf, tipógrafo alemán que nació en Nuremberg en 1918, un día antes que su país pidiera un armisticio para terminar con la Primera Guerra Mundial y un año antes que la fiebre española cobrara la vida de más de 10 millones de europeos, incluyendo la de dos de sus hermanos.

Desde pequeño comenzó a mostrar sus dotes como tipógrafo, cuando jugaba con su hermano creando un «código secreto» para comunicarse entre ellos, configurado con letras y símbolos parecidas al cirílico y que solo podías descifrar si conocías el código de encriptación. Como calígrafo en la escuela, en la que le animaron a conseguir su primer trabajo como retocador de originales mecánicos en un taller de linotipos. Como ilustrador en el ejército alemán, donde en vez de estar en el campo de batalla lo mandaron como cartógrafo a trazar mapas de España con la mira de que los nazis tomaran Gibraltar. Como técnico, armando radios de transistores y poniendo sensores de movimiento en su casa a manera de juego, para que cada vez que alguien abriera una puerta o entrara a un cuarto sonara una alarma.

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Fue precisamente en el ejército, donde tuvo que ser retirado del campo de batalla por afectación en el corazón y su torpeza para manejar armas, donde se convirtió en el cartógrafo más joven del ejército, donde sin haber cumplido los 25 años, era capaz de dibujar con una precisión sorprendente letras no mayores al milímetro de altura. Cuando el ejército se entregó, fue prisionero de guerra por cuatro semanas, con la salvedad de que «El Artista», como lo llamaban los franceses, pudiera tener consigo todo su equipo de escritura.

Antes había diseñado su primera tipografía «oficial», llamada Gilgengart a la edad de 20 años, trabajando para D Stempel AG y Linotype GmbH en Frankfurt, pero no fue sino hasta 1948 que pudo no solo diseñar una fuente, sino hacerla realidad en una producción en masa para tipos móviles y de fotocomposición: Palatino, la cual nombró por el escritor del siglo XVI Giambatista Palatino. En aquella época se concentraba también en la docencia, dando clases en su natal Nuremberg, en una escuela bombardeada, sin ventanas ni iluminación. La escasez los llevaba al grado de tener que pedir bombillas de luz en la dirección, mismas que debía regresar una vez que hubiera terminado su clase.

Cuatro años después diseñó su segunda fuente insignia: Optima, una tipografía humanista que carecía de patines y cuyo nombre fue pensado por el departamento comercial de D Stempel AG en 1958, cuando salió a la venta. Aunque su intención era crear una fuente para cartel, Monroe Wheeler del MoMA (Museum of Modern Art) en Nueva York, lo convenció que funcionaba mucho mejor como una fuente de texto.

OPTIMA

Tanto Palatino como Optima las podemos encontrar en prácticamente cualquier computadora, sea PC o Mac, junto con Zapfino, una tipografía que solo pudo ver la luz en la era digital. Nacida de la caligrafía misma de Zapf, retomada de sus cuadernos de bocetos en 1944 y para la cual tuvo que recorrer una serie de caminos que lo llevaron de Alemania a Estados Unidos en la década de los sesenta. En EUA resultaban ser mucho más abiertos y receptivos a las nuevas tecnologías electrónicas y de cómputo, de las cuales Zapf se había interesado mucho.

Como en Alemania no había encontrado el interés suficiente y por el contrario, había sufrido hasta burlas de sus colegas incluso llamándolo «El Loco de Zapf» al referirse a sus nuevas ideas de programar las fuentes, comenzó su andar por América dando clases en varias universidades, hasta que llegó a Stanford, en donde desarrolló una fuente para composición matemática con David Siegel, quien tras el término del proyecto le pidió su ayuda para una idea que tenía para el programa de Arte Caótico de la escuela, y para la cual necesitaba una nueva fuente con una gran cantidad de variaciones. Para programarla, colaboraron de Gino Lee, un programador de Boston con quien comenzaron a desarrollar la idea, solo que quedó inconclusa cuando Siegel abandonó el proyecto por falta de interés, tras la ruptura con su novia.

Fue años después que Zapf le presentó el proyecto a Linotype, y pudo terminarla, compuesta esencialmente por cuatro abecedarios, obteniendo como resultado una impresionante y hermosa tipografía, sobreexplotada por diseñadores y extraños, dada su belleza, sus trazos largos y sus ligaduras.

Hermann Zapf se casó con la también tipógrafa, calígrafa y maestra Gudrun von Hesse, quien tuvo su carrera alterna. Zapf murió el pasado 4 de junio de 2015 en su natal Nuremberg a la edad de 97 años, siempre atento al desarrollo tipográfico con las nuevas tecnologías. Diseñó no solo estas fuentes, entre su acervo se encuentran Zapf Dingbats, Humanist, Aldus, Antiqua, Michelangelo, Melior, Zapf Book, Zapf Chancery, Medici Script, Palladio, Zapf International y Zapf Calligraphic, entre otras.

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Sin duda alguna el mundo pierde a uno de sus más talentosos calígrafos y tipógrafos, pero su legado está en el día a día, cada vez que desplegamos la lista de fuentes y podemos ver y usar Zapfino, Optima o Palatino.

NOTAS
Con información tomada de su autobiografía, The Lifestory of Herman Zapf.