Hola, soy diseñador y soy freelance

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Hace tiempo se publicó este video de Rodo Rojas, que te muestra las «increíbles ventajas de ser diseñador freelance»

Creada por la agencia Llamando al Santo resulta una inteligente sátira llevada a la exageración de las situaciones por las que pasa normalmente un diseñador freelance. En nuestro país, casi un cuarto de la población trabaja de forma independiente y en diseño la cantidad de freelances es grande.

La forma en la cual los diseñadores nos contratamos es muy variable, comenzando por los asalariados o in-house (se oye más bonito), que pueden tratarse de aquellos que trabajan en áreas creativas, de diseño o mercadotecnia en empresas cuyo giro no está enfocado al diseño; quienes lo hacen en empresas dedicadas a la creatividad, publicidad, impresión o áreas afines y quienes son contratados por terceros, a través del sistema outsourcing.

Por otra parte, los independientes se enfrentan a situaciones comunes que en cierta forma no han logrado confabularlos para presentarse como parte de una asociación o grupo especializado. Un tema que hemos tocado en otras ocasiones y que continua como un pendiente en la lista de elementos que nos ayudarían a hacer nuestra labor con un entorno legal y práctico con mayor certidumbre.

En este tema de los freelance, podríamos separarlos en tres grupos muy bien identificados: el primero, son todos aquellos que realizan proyectos independientes recibiendo un pago, poblado por quienes laboran para un tercero pero se hacen de proyectos personales que ejecutan en horarios no laborales; en un segundo grupo quienes buscan ingresos extra en un periodo de desempleo, enfocándose en la búsqueda de uno mientras se apoyan económicamente con este tipo de ingresos. En el tercer grupo, son quienes «freelancean» como un estilo de vida, que han encontrado en la independencia una manera productiva y redituable para sostenerse. Es este último grupo quien podría identificarse con Rodo Rojas, más acostumbrado a conseguir clientes, hacerles diseño, cobrarles y ejecutar todas las labores administrativas que conlleva un trabajo, como arreglar asuntos con el banco, ir a las citas con Hacienda, esperar a que el cliente te reciba en sus oficinas y lidiar con los proveedores de internet, bancos de imágenes, imprentas y todas las contrataciones que deben realizarse paralelamente.

¿Qué tan cierto resulta esta caricaturización de la realidad? La respuesta triste es que mucho. Eliminando las exageraciones, usualmente un freelance no tiene oportunidad de negociar tiempos de pago, elegir sus horarios de trabajo, debe estar disponible 24/7 y ajustarse a los requerimientos y tarifas de sus clientes. Sonará muy lógico para muchos, mientras en silencio soñamos con llegar a un nivel superior en el que los busquen y puedan imponer sus condiciones, pero la cantidad de quienes se han «ganado» ese derecho se cuentan con los dedos de la mano.

Podrá sonar lógico, repito, porque así es la forma de trabajo de un freelance y si quieres entrar a esa dinámica debes ajustarse a las reglas que actualmente impone el mercado, pero me pregunto, ¿qué tanto puede cambiar estas condiciones a su favor? ¿Es posible que la manera en que se encuentra organizado el mundo de los negocios pueda abrirse a otras formas de trabajo? Lo más lógico sería pensar en una asociación de diseñadores que pueda apoyar en estos sentidos. Veamos qué ventajas habría:

1.- Un marco legal de trabajo
Muy parecido a cómo funcionan los sindicatos, sería posible la redacción y suministro de herramientas de trabajo como contratos, cotizaciones, asesorías legales y administrativas.

2.-  Seguros grupales
Usualmente como asociación es más sencillo obtener seguros grupales, especialmente porque es ridículo el porcentaje de trabajadores independientes que cuentan con Seguro Social o de gastos médicos, sean mayores o menores. Al unirse, resulta benéfico negociar tarifas más competitivas.

3.-  Descuentos y planes en suministros
Tal y como funcionan las tarjetas de descuentos, se pueden negociar precios y descuentos especiales en la compra de equipos de trabajo, suministros de oficina, servicios especializados y productos generales como descuentos de ópticas (la posibilidad de que necesitas lentes se dispara al infinito si eres diseñador), ropa, refacciones automotrices y hasta restaurantes.

4.-  Presencia
Una agrupación tiene una voz más fuerte para ser escuchada, con mayor peso. En Estados Unidos, por ejemplo AIGA (American Institute of Graphic Arts) ha revertido intentos del gobiernos por organizar concursos de diseño o liderear campañas enfocadas al voto electoral, por poner tan solo un par de ejemplos).

5.-  Identidad
No ante el gremio, sino con las empresas que usualmente requieren de sus servicios (o sea, todas, siquiera en el papel). Una asociación puede guiar a las empresas a esclarecer perfiles de trabajo, tipos de servicios que requiere y apoyarlos en la búsqueda y selección de diseñadores para diferentes proyectos.

6.- Reconocimiento interno y unidad
Quizá de las tareas más difíciles, especialmente en nuestro país, donde el enfrentamiento y el desacuerdo lo llevamos a niveles olímpicos, pero crear una unidad de pensamiento con respecto a la concepción de nuestra profesión nos beneficia tanto como un refugio, un lugar común para que las ideas convivan. Sería factible crear premios y reconocimientos a lo más destacado del gremio, desde un foro público abierto a todos, no dejando la decisión a unos cuantos.

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