Iniciando tu despacho 1/4: Evaluando si estás listo

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Cuando uno estudia diseño, crear un despacho propio se ve factible como una realidad inmediata. Un solo trabajo a la vista te puede dar la perspectiva de iniciar tu vida profesional de forma rápida. Pensamos que tan solo basta tener una computadora, impresora y ya estamos. Pero, ¿en verdad comenzar un despacho de diseño es tan sencillo?

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Este artículo plantea la primera pregunta que hay que hacerse antes de tomar la decisión: ¿Estoy listo?

Antes que nada, debes fijarte en varios factores:

Es muy común querer iniciar tu despacho con el vuelo que te deja la universidad, sin embargo, muchas firmas exitosas son aquellas cuyos fundadores y socios primero trabajaron para alguna empresa. Eso les ayudó a conocer cómo funcionan las compañías, cómo se administran los recursos, la forma de ganar el dinero, el trato con proveedores y la experiencia que te deja el día a día.

Otro camino es comenzar como freelance o profesionista independiente. Tiene una serie de limitaciones que veremos más adelante, pero las bondades radican en la inversión inicial así como en la experiencia que te dará administrarte en pequeño, junto con la posibilidad de ir creciendo poco a poco.

Un error muy común es querer comenzar porque estás harto de tener un jefe. En un despacho no tendrás jefes molestos que te estén diciendo qué hacer, pero a cambio ganas clientes que te pagarán para lo mismo, con un nivel de exigencia mayor. Y no será solo uno, sino varios. Es muy fácil dejarse llevar por el espejismo de la libertad e independencia. Tener un despacho no es para todos. Comenzarlo por las razones equivocadas pueden hacer que pierdas tiempo, dinero y prestigio.

Ante la perspectiva de abrir tu negocio debes valorarla con estas tres preguntas:

¿Sabes de negocios?
¿Cuentas con un cliente?
¿Tienes los recursos suficientes para empezar?

1 ¿Sabes de negocios?

Las preguntas vienen en orden de importancia. Lo primero que debes preguntarte es si estás capacitado para iniciar un negocio. La mayoría de los despachos crecen y se van perfeccionando sobre la marcha, pero son más los que deben bajar la cortina por una administración deficiente más que por un mal diseño.

El cliché de que los diseñadores no saben matemáticas aplica perfectamente aquí. Lo mejor es adquirir habilidades administrativas a través de maestrías o diplomados, pero hasta un buen libro puede ser suficiente para entender el funcionamiento de una empresa y buscar la mejor forma de aplicarlo a ti. Te recomiendo el libro How Firms Succeed, A Field to Design Management (James P. Cramer y Scott Simpson, Ed. Ostberg, E.U.A., 2004).

También adéntrate en el mundo del Excel, aprende a hacer cálculos, tablas y haz números (este es otro tema importante que tocaremos).

2 ¿Cuentas con un cliente?

Parece una pregunta tonta, pero no puedes pretender iniciar un despacho si no tienes a quién trabajarle. No me refiero al taller de tu tío que ya te dijo que quiere un logo, sino un cliente que te cree flujo constante de trabajo. Muchos tratan primero de poner un despacho y después, desde su escritorio hacer llamadas, agendar citas y empezar a ganar dinero. Si abres una tienda de abarrotes es factible comenzar a vender desde el primer día —aunque tus ganancias vengan mucho después—. En el mundo del diseño, el dinero comienza a fluir con más lentitud, a veces puede tardar meses. Por lo mismo, cuando tengas una perspectiva real de comenzar a generar un flujo constante, es cuando puedes pensar en establecerte más en forma, independientemente del capital que debes inyectar a manera de inversión.

3 ¿Tienes los recursos suficientes para empezar?

Muchos despachos comienzan en la “comodidad” de casa y ello no permite muchas veces visualizar todos los recursos que conlleva. Lo primero que nos viene a la mente es la luz y el teléfono, rara vez pensamos en el pago del predial, mantenimiento, tóner para la impresora y reguladores eléctricos. Hasta escoba y recogedor son irrenunciables.

Se vale comenzar con lo que uno tiene, pero iniciar un negocio serio con miras a convertirlo en una fuente de ingreso requiere mínimo la seriedad de un espacio exclusivo, porque el día menos pensado deberás citar a tu cliente en algún lugar para hacerle una presentación y llegará el momento en que un café no será suficiente para crear una buena impresión.

Las oficinas virtuales son una buena opción, pero cuando comiences a usarlas te darás cuenta que es un gasto fuerte que bien podrías mejor invertirlo en un lugar propio fuera de casa.

Arrancar es una fase muy divertida, pero debes saber poner los pies sobre la tierra.

Próxima entrega: Solo o acompañado.