La eficiencia de comunicar

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«Querido amigo, he hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta». —Blaise Pascal, s. XVII

Cuando quieres escribir un tuit con algún mensaje más o menos serio, resulta retador resumir un concepto completo a 140 caracteres, más aun si eres de esos maniáticos del escribir correctamente y no quieres usar abreviaciones en lenguaje SMS (poner una «q» para decir «que», por ejemplo), y es que parecería lo contrario, pero resumir textos resulta mucho más complicado que alargarlos.

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Recuerdo perfectamente aquel discurso de Gaddafi en Naciones Unidas, donde tienen el cronómetro andando para hacer su discurso, pero él, se alargó por horas; tanto, que el traductor oficial se desmayó de la presión de tener que seguirle el paso traduciendo ideas vagas y sin sentido alguno.

Como diseñadores gráficos, precisamente nuestro reto diario consiste en comunicar eficientemente utilizado el mínimo de recursos. A nadie le sirve un envase que en la etiqueta diga: «Agua embotellada que proviene de un manantial cristalino y puro, pero por si las dudas también está filtrada para que te podamos asegurar que está pura y libre de bacterias. Es más seguro que la de la llave». Con que diga: «Agua purificada de manantial», todo lo demás debe expresarse a través de medios gráficos que nos transmitan la idea completa. En sí es fácil reconocer a los diseñadores novatos porque este proceso de simplificación se va reforzando con el paso de los años.

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En el lado opuesto, otra situación que resulta curiosa es cuando escribimos correos ya sea a nuestros clientes, proveedores o colegas. Te invito a que hagas este ejercicio y busques entre tus correos (enviados y recibidos), cuántos de ellos funcionan por sí solos, es decir, que exponen una idea completa sin necesidad de tener que responder solicitando más información, que nos aclaren dudas o conceptos vagos que no se entienden bien. Más aún, cuántos de ellos son parte de una conversación de monosílabos y palabras solitarias como esta:

DISEÑADOR, correo 1: ¿Entonces nos podemos ver?
CLIENTE, correo 1: Sí, creo que debemos vernos.
DISEÑADOR, correo 2: ¿Cuándo puedes?
CLIENTE, correo 2: La próxima semana.
DISEÑADOR, correo 3: ¿Qué día?
CLIENTE, correo 3: Martes.
DISEÑADOR, correo 4: Yo no puedo, mejor el miércoles.
CLIENTE, correo 4: Ok.
DISEÑADOR, correo 5: ¿A qué hora?
CLIENTE, correo 5: A la hora que quieras.
DISEÑADOR, correo 6: ¿A las 12:00?
CLIENTE, correo 6: Ok.

Cuando pudimos tener una conversación así:

DISEÑADOR, correo 1: Entonces creo que deberíamos vernos? ¿Te parece la próxima semana? Yo puedo martes o miércoles por la mañana.
CLIENTE, correo 1: Me parece bien, si quieres nos vemos el miércoles a las 12 del día.
DISEÑADOR, correo 2: Ok.

Y esto es tan solo un ejemplo de correos que puedes estar redactados así:

«Mándame el archivo que te envié ayer.»
«Nos quedamos con la propuesta de las letras grandes.»
«Cotízame un logo para la convención de la compañía.»

Encontrar las palabras y conceptos correctos, usando el mínimo de palabras, abarcando la idea completa, no debería ser parte solo de nuestros procesos de diseño, sino en todo lo que hagamos: mantener llamadas telefónicas eficientes, redactar nuestros correos y mensajes de tal manera que podamos englobar todo lo que queremos decir sin usar palabras de más o de menos.

Pero este texto no se trata de hacer consciencia para usar correctamente nuestras comunicaciones, sino de entender que en el ejercicio mismo de comunicar con medios que pocas veces les ponemos atención, está una fuente importante de creatividad y ejercitamiento de nuestras comunicaciones, que sin duda alguna podemos trasladar a nuestro ámbito de trabajo.