La pregunta incómoda

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Un niño increpa al adulto sin previos y sin vueltas a responder por qué existe la muerte, a prima facie parece algo de un chico bastante complicado y sí lo es. Antes, pegada a ésta y sin respirar preguntó, de dónde venimos. Toda nuestra adultez y seguridad expresada en el pelo peinado a la gomina o en el elegante traje sastre con hermosos tacones se caen como castillo de naipes ante la incomodidad de una respuesta obligada sin mucha respuesta.

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Escuchando un documental de la trayectoria del grupo Las Pelotas pasan un tema que tenía por título ¿Para qué?
Me giró por delante de los ojos el par de signos de pregunta una y otra vez. El programa seguía pero medio que la pregunta volvía hasta que decidí enfrentarla.
Voy a sacar uno de los versos que me parece interesante antes de meternos en la incomodidad de la duda.

Acariciando un sueño más
viendo al tiempo pasar.
¿Para Qué?

¿Vamos a la pregunta molesta?
Y creo que a esta altura del texto y si llegaste hasta acá estás jugada o jugado como yo.
Dejémonos llevar y sumerjamos la cabeza a pensar en lo que quizás no queremos ni pensar una respuesta.
¿Para qué sirve el título de Diseñador Gráfico?
…en fin.
Podríamos ir dejando todo esto acá.
Yo preferiría hablar de los fanáticos por la helvética o los problemas que presenta la cuadratura del círculo…

Bueno, hasta acá llegue con mi columna.

Ok, voy a responder!

La hoja en blanco representa uno de los más lindos desafíos para un diseñador
Por algún lado voy a tener que salir de esto y pienso que si la nada me seduce a hacer cosas en el espacio puedo o creo tener la capacidad para generar una respuesta que cuadre con la lógica de la pregunta incómoda.
¿Vos también te hiciste alguna vez esta pregunta?
Entonces no me dejes solo, dame una pista al menos para poder empezar.
Bien! Entiendo que para cuando me dejes tu comentario ya será tarde para incorporarlo a este texto.
Hagamos entonces un pacto y actuemos colaborativamente, yo doy mi punto de vista y dejamos abierto el texto a todas las voces para que en la próxima semana hagamos un cierre y juntos dibujemos una posible respuesta a la pregunta.

Voy con mi para qué
Primero debo, para entender mi respuesta, definir mis dos yo.

Yo el oficioso
Como alguien que fue formado en el oficio podría argumentar muy tajantemente que el título no sirve para nada, que es un sin sentido para un mundo que bastardea la palabra “diseño gráfico” en la vidriera de un kiosco con fotocopiadoras. Que lo único que te hace profesional es el mañana y no el ayer. Que la experimentación y la generosidad para despojarte del espacio seguro y cómodo te darán las mejores herramientas para destacarte en el mercado laboral y que tu trabajo hablará siempre mejor de vos que tus propias palabras.

Yo el profesional
Como alguien que fue formado en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, puedo argumentar con absoluta solidez y de manera enfática que el título obtenido es fundamental porque me faculta a interpretar con capacidad analítica cada milímetro del espacio a intervenir, justificando y argumentando que los años transcurridos en la academia no fueron en vano. Yo, por intermedio de mi título accedo a un manejo superior sobre cualquier mortal que osara intervenir el plano en pos de la comunicación visual. Por lógica se entiende que el mercado me espera a mí y no a otro. El mundo mirará mi pergamino y sabrá bien quien soy yo.

Por historia todo en mí se debate entre La Calle y La Universidad y ahí suele andarme la pregunta y la respuesta en mi para qué. Un dilema entre el mundo de las manos sucias de tinta, con romanticismo y amor a genio creativo contra un espacio que se florea en la investigación con armados discursos dialécticos constructivistas que asfixian a la posible pregunta del ignorante que desea saber un poco lo que hacemos.

Como hecho fáctico el título a mi entender solo sirve como documento que argumenta a los demás nuestra facultad para hacer y ejercer una profesión, pero en ésta, como en otras profesiones, en tanto y en cuanto uno no lo llene de valor a las claras solamente será un papel blanco pomposo que está sucio con tinta, plagado de algunas firmas y acompañado de elegantes sellos.

Debo aclarar que uso la palabra “argumenta” porque el título de diseñador gráfico no habilita ni deshabilita al ejercicio de la profesión. En el diseño gráfico si tienes amor por él estás invitado, entra al reino de la gráfica que serás bienvenido y ejercerás esta profesión con pasión y mucho amor. Amén.

Al mercado estoy más que seguro que poco le mueve la aguja la idea de si poseo o no un título pero mi competencia estará beneficiada y respaldada con el trabajo que realice conmigo mismo y por más que no nos guste, siempre se verá por contraste en el error o fracaso ajeno nuestras virtudes.
Entiendo que nunca se buscará diseñador por cartilla como a un médico, tampoco se acudirá por los años en el mercado a un estudio y menos se pondrá detrás del sillón el título enmarcado en una fina madera como un abogado, pero sí creo, que a esta altura de la historia el título parece ser algo importante para nuestro imaginario e ideario social.

A nivel académico, las universidades poco se preocupan por el valor agregado que la experiencia laboral adquirida dan a tu título mayor o menor competencia. Por lo general suelen centrar su atención en saber si venís recomendado por otro docente y que el titulo te habilite a poder estar frente a un aula.
Igualmente no deja de ser un requisito importante para poder estar ahí y argumentar que eres un profesor aunque estés lejos de ser un verdadero maestro para el alumno.

Creo que la respuesta que más me cabe a la pregunta de para qué sirve el título de Diseñador Gráfico está en este otro verso de la canción que paradójicamente termina en una pregunta.

Buscando algo en los demás
algo que me haga pensar
“¿para qué?”

Espero tu respuesta. Nos vemos en una semana.