Las cosas que desearía los diseñadores no digan más

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En otras palabras, algunos de los clichés más usados por los diseñadores y que en algunas ocasiones evidencian fallas en la concepción de nuestro trabajo:

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1. Estudié diseño porque no soy bueno en matemáticas

La mala noticia es que el simple hecho de hacer una factura o tener un sueldo por nómina nos hace usuarios de las matemáticas. Y al igual que los abogados, médicos o una infinidad de profesiones usan —o no usan— las matemáticas en la misma cantidad que nosotros.

Alguien que afirma que estudió diseño porque tienen pocas matemáticas es como decir: «no me gusta salir de mi casa, así que como muchas manzanas», ninguna relación entre las dos cosas y la primera es falsa, porque a menos que estés en una prisión, todos nos asomamos de vez en cuando a la calle.

La mayoría de los diseñadores lo hace por una vocación natural enfocada a la creatividad y sensibilidad hacia lo visual, lo estético y artístico, quizá un tanto opuesto a estudiar actuaría o contabilidad, pero lo hacemos como forma metafórica de un esfuerzo menor, cuando realmente el estudio del diseño implica un esfuerzo mayúsculo en otras áreas y disciplinas.

2. Los clientes no saben de diseño

Es obvio, si supieran de diseño para qué nos contratan. Igual cuando vamos al médico es porque no sabemos nada de medicina, solo sabemos que si estamos enfermos hay que ir a verlo para recuperar nuestra salud. Hay una gran diferencia entre saber de diseño y aceptar su valía, la gran mayoría de los clientes aceptan lo segundo, que a mi modo de ver, es lo importante, hacer consciente que la ayuda profesional en esta área es necesaria.

3. ¿Quién te hizo este diseño? Yo puedo hacerlo mejor

Como gremio hay que aprender a respetar el trabajo de nuestros colegas: si un prospecto de cliente nos busca, es porque de alguna forma necesita mejorar su trabajo o bien darle un giro nuevo a su imagen gráfica. Hablar mal de nuestros colegas habla mal de nosotros, y no hacemos más que denigrar la imagen general del gremio ante nuestros clientes.

Podemos hacer el trabajo mejor que otros diseñadores, se vale decirlo, pero sin demérito a quien estuvo en ese mismo lugar antes que nosotros.

4. Soy un desorden porque soy diseñador

Quizá sí lo eres, y efectivamente tiene que ver con esta tendencia creativa. Además, sabemos que dentro de un proceso creativo estamos implicando tener a la mano plumas, lápices, hojas y eso siempre es el principio de un área de trabajo desordenada. Lo que no nos damos cuenta es cuando ese desorden juega en nuestra contra: más tiempo para encontrar archivos, la pérdida de información en detrimento de nuestra productividad y contrario a tiempos de trabajo más eficientes y por lo mismo, en la calidad final de nuestros proyectos.

Ser ordenados puede ser de gran valor en nuestra profesión, aunque nuestro escritorio tenga muchos lápices y papeles.

5. El diseño está muy mal pagado

Efectivamente siempre aparecemos en la lista de las profesiones con ingresos más bajos. No estoy escribiendo esta frase como un cliché para quejarnos de los malos sueldos, sino como una frase que normalmente dicen los empleadores más como una excusa para no ofrecer salarios competitivos. Lamentablemente las empresas que peor pagar a los diseñadores son aquellas dedicadas al diseño: despachos, agencias, imprentas y talleres. Pareciera que estamos en un círculo vicioso en el que preferimos guardarnos unos pesos y permitir que nuestros empleados busquen darle rienda suelta a su creatividad haciendo trabajos como freelance y se roten cada dos años, a retener el talento y usarlo como un arma para crear grupos de trabajo fuertes y especializados.

Sería conveniente reubicar los sueldos de los diseñadores para filtrar el verdadero talento y no permitir que los absorban empresas con giros diferentes. Podríamos provocar que las empresas busquen complementar sus necesidades gráficas con talento externo, en lugar de hacerlo internamente.

¿Tú usas estas frases? ¿Habrá formas de crear nuevas frases que nos encasillen de formas mucho más positivas? ¿Qué tanto afectan nuestro trabajo?