Reflexiones sobre el «Flat Design» y el Barroco

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En este caso fue el turno de Master Card, que sin habérselo propuesto se convierte en un logo más que se suma al famoso Flat Design, consistente en quitar ornamentos superfluos, dimensiones y patines para reducir un símbolo a su mínima expresión, lo más cercano al grado cero de una expresión retórica.

Dentro de una estética marcada por tendencias cíclicas, me voy a referir al barroco, que como todos sabemos (eso espero) fue el nacimiento de un estilo ornamental tras una de las épocas más oscuras en la historia de la humanidad, que si lo vemos también dentro de un contexto milenial, tampoco resultó novedoso, los egipcios —por ejemplo— dan grandes muestras de la saturación ornamental o paralelamente las culturas mesoamericanas, a través de su narrativa simbólica.

El barroco es esta época artística dominada esencialmente por la religión, en donde los templos, edificios, muebles, cuadros y objetos se saturaban con ornamentos garigoleados, representando en la mayoría asuntos religiosos, como imágenes de santos y seres celestiales sumamente adornados, cohabitando e interactuando entre ellos, resultó en un estilo con tanta personalidad y profundidad que en vez de desaparecer se fue desmembrando, hasta el punto en el cual hoy prácticamente todos los estilos e influencias artísticas tienen alguna relación directa con ello.

Incluso el minimalismo, una corriente que comenzó en la primera década de este milenio, después del modernismo, donde su punto final pareció otra vez una saturación de elementos en una evocación directa al barroco: los ochentas, por ejemplo, marcaban las modas de vestir con prendas grandes y sueltas, los peinados sofisticados y los maquillajes exuberantes.

En diseño, el nacimiento de la computadora y programas como Photoshop o CorelDraw! sumaron a la saturación visual, con efectos y la facilidad de reproducción en masa, texturas que evocaban tercera dimensión o reflejos metálicos, marcos y bordes de imágenes deshaciéndose como partículas, pixeles o pintura fresca; desproporción tipográfica y colores neón.

Oaxaca 2004 Santo Domingo Church

Los noventas marcaron un enfriamiento visual con los primeros presagios del minimalismo; la ropa se fue ajustando al cuerpo y las tipografías sans-serif arrasaron con la novedad. Este periodo transitorio desembocó —hablando del diseño— en el flat design: el despojo de todo aquello que sobra.

Tan solo las marcas automotrices le dieron volumen a sus logos —tal es el caso de Volkswagen, Audi o Ford— todos los demás, siguiendo esencialmente a las marcas tecnológicas se fueron limpiando: Apple, por ejemplo, eliminó el arcoíris de su manzana y dejó tan solo una plasta gris claro.

Así llegamos a este último lustro, donde la mayoría de las marcas grandes han sufrido variantes en su imagen, prácticamente nadie se ha salvado. Aunque la gran mayoría de ellas han sido únicamente mejoras estéticas, más acordes a los tiempos que vivimos: Microsoft, Google, Facebook, Twitter, Yahoo!, Netflix, Verizon, Televisa, Bonafont, CRM, Iberia, Julio, Vips, NBC, Walmart, American Airlines; al igual que algunos menos afortunados como el Tec de Monterrey, IHOP o Verizon; incluyamos en esta lista el rediseño masivo de prácticamente todas las aplicaciones una vez que Apple se deslindó del skeuomorfismo (dudo que exista esa palabra, pero no encuentro un equivalente el español), consistente en darle forma realista a los elementos, por ejemplo, que el ícono del agenda parezca realmente una agenda o rodolex de la vida real, o que el de Instagram se acerque mucho a una cámara estilo Polaroid.

La lista podría continuar interminablemente ya que prácticamente no hay marca que no haya sido sometida a esta cirugía estética de eliminar patines, aplanar fondos, geometrizar formas y limpiar colores.

flat-logos

El último caso en nuestra lista, MasterCard, donde los dos círculos son interceptados por una plasta de color naranja, en vez de la sucia combinación de colores tierra que tenía. Su diseñador, Michael Bierut, afirma: «nadie va a decir: ‘me hubiera gustado que se me ocurriera a mí, qué inteligente’», en pleno reconocimiento que más que una nueva propuesta, se trata de una modernización simbólica sin que ello afecte la verdadera esencia de los elementos que le dan reconocimiento y personalidad a la imagen.

Bajo esta tónica, estamos inmersos en un proceso de limpieza del que parece nadie se salvará —excepto Telcel, cuyo logo noventero con un celular StarTak parece ser eterno—, por ello lo más seguro es que todas las marcas terminen alineándose.

No sabemos qué sucederá cuando el flat design se agote, si volveremos de nuevo a la saturación en una nueva versión o en algo tan novedoso que aún no lo imaginamos, pero por el momento, la antítesis del barroco en lo visual persiste, aunque su ADN está presente y tarde o temprano regresaremos a él.