Sobre la cultura del hacer y los laboratorios de fabricación digital

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Quizá no sabes lo que es un laboratorio de fabricación digital o Fab Lab pero si habrás escuchado hablar en diversos medios sobre la impresión 3D y las mil y un especulaciones que suenan a ciencia ficción. Pues bien, la impresión 3D es una herramienta dentro del Fab Lab.

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fablab

La idea del Fab Lab nace en el MIT, a partir del estudio e intersección entre el contenido de información y la representación física. En resumen, el objetivo de un Fab Lab es acercar la tecnología a la comunidad, sobretodo a las comunidades necesitadas y aisladas a partir de la fabricación de objetos de beneficio claro, sustentable, identidad cultural.

Ahora bien, quiero ir un poco más allá para comprender por qué es un elemento de cambio. Los fablabs se construyen bajo la consigna de pensar globalmente pero actuar a nivel local. Permiten construir redes de conocimientos entre ciudadanos y funcionan como un punto de encuentro.

En nuestra cultura, a menudo tendemos a glorificar a una persona de éxito mientras que sus compañeros son anécdotas de la historia. Sin embargo, bien sabemos que Internet ha transformado nuestra forma de vivir, pensar e interactuar. La cultura libre se encuentra en el ADN de la Internet, con el increíble trabajo de los hackers. Las culturas digitales permiten proporcionar otro centro de atención: las comunidades. Es el intercambio de conocimiento para todos lo que prima.

La idea es anterior a la herramienta

Entender la cultura antes de la herramienta es esencial. Más importante que la herramienta es el pensamiento que subyace. En este sentido, la esencia del fablab no es ni la impresora 3D ni los Arduinos. El movimiento no se define por sus herramientas, sino por la cultura y las interacciones sociales: cuando el sabio se refiere a la luna, el tonto mira el dedo.

Más allá de proveer a los ciudadanos de máquinas de alto valor a bajo costo, el Fab Lab permite empoderarlos a través de técnica y conocimiento. El acto de la fabricación personal impone un desafío. El salto hacia fabricar uno su propia solución es un salto muy enriquecedor para la mayoría. Pero, de la misma forma que para impulsar el uso de autos híbridos es necesaria una promoción por parte del Estado, la creación de Fab Labs requiere de un inversor con intenciones firmes.

Del mismo modo que ocurrió con Internet, hoy volvemos a vivir esta gran reacción pero esta vez en el mundo real: foros de intercambios se convirtieron en FabLab’s; las comunidades se reúnen para ajustar, probar, buscar, crear, aprender, fallar y repetir.

Ante este cambio de paradigma podemos ver a su vez la multiplicación de las corrientes, subculturas. Cada una con un nombre diferente: FabLab, hackerspace, makerspace. Todo el mundo tiene un enfoque y forma diferente de abordar esta dinámica social. Pero todos tienen el mismo deseo: recuperar el mundo para comprender y actuar.

Protagonistas del cambio

El diseñador y su profesión tradicional se encuentra en un punto crítico, en constante devenir, en una etapa de cambios. La expansión del mundo digital nos obnubila del mundo real. Pensamos a través de pantallas y son condición necesaria para la vida moderna. De la misma forma que hay cada vez menos idiomas hablados en el mundo, la globalización y el desarrollo de las tecnologías masivas han desplazado a los oficios y las costumbres locales. Vivimos en un mundo global pero no por eso debemos olvidar la escala local. Hoy un diseñador se vuelve un agente fundamental. Son creadores natos con la capacidad de pensar globalmente pero actuar localmente. El diseñador siempre ha sido un profeta y emprendedor, un hombre sintético que ve las palabras en el espacio y, hoy más que nunca, se vuelve necesaria la capacidad de ver las cosas en conjunto antes de que estén hechas.

En este sentido, compartir la cultura ya conocida en Internet adquiere un significado totalmente nuevo. Hoy estos cambios salen fuera de las pantallas y se insertan en el mundo de la industria, la educación, la medicina y el transporte, entre otros. Cooperar en lo real es olvidar las individualidades y compartir la mejor receta para mejorarla una y otra vez. Ahora, ¡a hackear el mundo físico!