Timing: una historia y tres consejos (Parte III/III)

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Cerrando nuestra trilogía sobre conceptos para tener éxito como profesionales, dedicamos las primeras dos a hablar sobre el talento y la preparación, esta última hablaremos del único elemento que hay que nos exige mantenernos en guardia constante. Se trata del timing, ese arte de estar en el momento justo en el lugar correcto.

¿Se imaginan qué hubiera pasado si Steve Jobs hubiera nacido en Filipinas, en un pequeño poblado pesquero en 1925 o que Bill Gates haya visto la luz en alguna tribu amazónica hace 100 años? Seguramente ninguno de los dos hubiera pasado a la historia como innovadores. Sucede que nacieron en el tiempo y lugar correctos, tomaron las deciones precisas y como un reloj, sus propuestas se vieron beneficiadas porque gozaron de ese timing, que implica no solo tener las capacidades correctas para la ejecución de cualquier cosa. Igual y efectivamente en ese pueblo filipino nació alguien con el mismo IQ y espíritu emprendedor que Steve Jobs, pero se dedicó a mejorar los sistemas de pesca de su pueblo y murió a los 18 años tragado por un pez mientras probaba una red novedosa que dejaba escapar a los peces pequeños. No lo sabemos y sería inútil pensar en ello, pero es innegable que si bien uno se va abriendo paso a lo largo de su vida para destacar en lo que mejor hacer, necesita de esa pequeña dosis de ser oportuno.

Como ejemplo les voy a contar una historia basada en hechos reales (obviamente, los nombres de los personajes han sido cambiados):

Alfredo y Arturo son diseñadores, ambos igual de buenos. Laboran en una agencia de publicidad donde comparten proyectos, han llevado carreras muy parecidas y tienen casi la misma antigüedad en la agencia. Han logrado asentar el departamento de diseño de una forma positiva, son percibidos un buen equipo y cualquiera sería totalmente apto para ocupar el lugar que está dejando Andrea como directora creativa y que parte a otra agencia por una oportunidad.

Ana, directora de la empresa lo sabe, y debe tomar la decisión por alguno de los dos para ofrecerle el puesto próximamente vacante. Son de esos conflictos positivos, porque cualquiera de los dos son igual de buenos y aptos para una promoción. Aún así, Alfredo es su gallo, le tiene más confianza y siente mayor compatibilidad en el trabajo. Coincidentemente Alfredo entra ese día a la oficina y le pide un minuto para hablar en privado, aprovechando que Arturo pidió permiso para ausentarse medio día de la oficina.

Me enteré apenas que Andrea se va y me siento muy seguro y listo para poder ocupar ese puesto, me gustaría mucho que lo consideres. Estoy muy contento aquí y creo que mi momento ha llegado, las aportaciones que he hecho a la agencia se han traducido en satisfacción total para nuestros clientes.

Gracias Alfredo, ya lo he considerado y efectivamente creo que esta promoción la mereces. Lo plantearé en la próxima junta ejecutiva y te mantendré informado.

Al día siguiente, justo antes de la junta, Arturo le pide a Ana un momento para platicar. Arturo es menos sociable, es de las personas que prefiere sentarse en su escritorio y concentrarse hasta sacar el trabajo. A veces no sale a comer tanto con su equipo, pero aún así es altamente estimado por su carácter afable y tranquilo. Al igual que Alfredo, tiene a sus clientes contentos y ha crecido mucho en los últimos meses. Por lo mismo, no se ha enterado sobre la próxima renuncia de Andrea.

Fíjate que ayer me ofrecieron un puesto de director creativo en otra agencia. Llevo tiempo trabajando aquí y siento que he crecido bastante, estoy muy contento, pero la oferta que me hacen refleja el crecimiento que he tenido personal y profesionalmente.

La noticia le cae a Ana como balde de agua helada. Justo iba a proponer a Alfredo para el puesto pero contaba con la permanencia de Arturo en el puesto, de otra manera resultará muy difícil tener a un director y un par de diseñadores inexpertos en sus puestos. Por eso decide tomar una decisión rápida, aunque a un costo alto: ofrecerle el puesto de director creativo a Arturo como contrapropuesta para que no se vaya.

No digo que haya sido la mejor decisión (tampoco que haya sido mala), tendríamos que haber estado en los zapatos de Ana para poder juzgarla, pero es un ejemplo perfecto del timing, jugando a favor de Arturo y en contra de Alfredo, quien después de la junta debió aprender a decirle «jefe».

Si bien es cierto que Alfredo no hizo nada incorrecto para no ser promovido, pudo haber prestado más atención a algunos aspectos que a la larga le hubieran ayudado para que, pase lo que pase, fuera promovido. A continuación algunos consejos para que no te quedes afuera en la toma de decisiones:

Crecer es una cuestión de actitud

Para aspirar a ser jefe primero hay que parecerlo. Quizá si Alfredo hubiera mostrado más interés por aspectos logísticos propios de un director creativo o se hubiera ofrecido para realizar tareas más propositivas, Ana le hubiera prestado más atención desde el principio. Existen muchos que aspiran un ascenso, pero aún deben lidiar con sus jefes por ser impuntuales, estar todo el tiempo jugando con el teléfono y mensajeándose con sus colegas. Si quieres llegar a ser director creativo comienza a comportarte como uno.

Manejo de relaciones públicas, ahí estaba su oportunidad

¿Les ha pasado que sale su jefe de la oficina preguntando a todo el staff si conocen a un buen diseñador para algún puesto? Debes asegurarte que cuando le hagan esa pregunta a tus amigos y conocidos, tu nombre sea el primero que les venga a la mente. Platicarles en las comidas de fin de semana que tiene mucho que dar pero que busca la empresa adecuada.

Mantente atento

No es lo mismo que ser chismoso, pero si Alfredo llega a su trabajo, se para para comer y cuando se va, ¿cómo no va a perder la próxima gran oportunidad? Hay que mostrar interés por el trabajo, por la gente y por lo que hace, las oportunidades salen con el contacto con la gente, en la sobremesa, en las juntas mientras esperan a que llegue el cliente, tarde o temprano hubiera estado en el lugar indicado.

El timing es un elemento obligado, pero solo como una variable dentro de tu actividad diaria. Las oportunidades hay que buscarlas y no esperar a que lleguen a ti, como decía Picasso: «la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando».