¿Y tú qué piensas?

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Pensar consiste en hallar diferencias rezaba un escrito que me llegó a mis manos la semana pasada. Repito y releo, pensar consiste en hallar diferencias…

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pienso

Interesante punto de inicio de sesión, cautivante por lo pronto para nuestro modo de entender las cosas. Buscamos constantemente en nuestro trabajo cotidiano encontrar diferenciarnos en primera instancia de lo hecho con anterioridad, nos esforzamos en mostrarnos distintos a los demás, construimos nuestra imagen en pos de hallarnos diferentes.

Pensamos. Espera… ¿Pensamos?

En otras ocasiones hice mención al acto de pensar como eje de nuestro desarrollo profesional. Los diseñadores miramos de forma particular o en tal caso es nuestra obligación tener una observación diferente.

El desarrollo contemporáneo tiene a mi manera de ver bastante contraste. El hoy es binario, se sigue una tendencia o no se sigue, se es o no se es. Un estilo se replica en una constante que parece que la misma mano recorre el mundo incansablemente. Se multiplican imágenes cuasi clonadas y ahí entro en contradicción con esto del acto de pensar para encontrar las razones del por qué esto es diferente o superador.

Evidentemente aquí podríamos interpretar que estamos dominados por una cultura de Supermercado de ideas preformateadas, adquiribles en góndolas armadas y pensadas en laboratorios de mercadotecnia.
Perdón y digo esto sin querer ofender a ningún marketinero que anda por este sitio y que muchos expresan sus ideas acá.

Asistiendo a una actualización profesional sobre Gestión Estratégica de Diseño, al terminar la cursada quedé con el sin sabor de saber que el diseñador estaba siendo preso del marketing como vía de expresión motivado por sus necesidades económicas de subsistencia.

Recordando a los antiguos oficiosos diseñadores uno podía ver que eran intuitivos, naturales y mucho más espontáneos. Tenían originalidad e ingenuidad. Tenían una mirada muy rica porque se pensaban y pensaban.
Eran distintos.

Hasta entrados los noventa, podríamos decir que se mantuvo esa originalidad, pero a medida que se masificó el diseño tanto en personas que lo ejercen como en producciones expresivas, ese potencial se acható.

Hoy estamos en una crisis que no creo que sea de ideas, muy por el contrario, tenemos un superávit de creaciones que no sabemos cómo manejar tanto volumen.
Podemos hacer muy rápido, distribuir en segundos, masificar sin esfuerzo, liderar desde un cuarto pequeño de casa pero nos está costando pensar y hallar las diferencias. Nos es difícil ser auténticos.

Hay un factor importante en todo este período crítico y es la paciencia, un condimento sumamente necesario a la hora de pensar. El conocimiento hoy es un producto de consumo, se necesita adquirir sea como sea. No se analiza, tiene que ser ya!

Entonces, ¿en qué consiste hallar las diferencias?

Obviamente en pensar, en ponerse fuera de la zona de confort, en dominar la ansiedad, en construir un estilo propio y auténtico.
Hoy cuesta encontrar nombres propios en diseño. Está fuera de estilo, es demode y Nebille Brody me atrevo a entender fue el último referente de diseñador insignia. Qué nombre relevante se te viene ya a la cabeza, si tardaste o tuviste que buscar en tus cavernas cerebrales, quiere decir que algo nos está faltando.

Buscamos ser diseñadores del Quick Reference, las notas que aquí tienen más visitas son las que impulsan los grandes títulos de que en cinco simples consejos hallarás la solución o en los diez imperdibles no se sabe que debes tener en tu cabeza si quieres ser diseñador.

Sin ánimo de ofender a nadie, es necesario que volvamos, es nuestra obligación que retomemos y por sobre todo pesa en nuestra responsabilidad por respeto a esta profesión que volvamos a la riqueza informativa y comunicacional. Que construyamos un culto en el pensar, que juntos hallemos la diferencia que otorga y aporta el diseño cuando de innovar se habla.

Ya decía el filósofo René Descartes, “pienso, luego existo”.
Y… ¿tú qué piensas?