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Corrigiendo diseño

Nada es más odioso que estar convencido del resultado logrado y que al momento de mostrar el boceto te digan “¡NO!, no es por ahí y bla, bla, bla”.
Quien cuente que la película en ese momento no se le puso en blanco y negro o que nunca le pasó seguro ha faltado a la adolescencia evolutiva del diseñador gráfico.

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¿Qué te pasa cuando un Docente, Jefe, Familia o quién sea emite una opinión contraria de tu trabajo?

Si bien en el proceso de una materia esos momentos duros suelen estar más atenuados o disipados producto del seguimiento del proceso que lleva una materia que puede ser cuatrimestral o anual, pero, qué pasa cuando esto resulta de manera abrupta.

En carne propia

Esta semana pasé por las dos caras de la misma moneda. Presenté algo que murió de inmediato a lo que le tenía mucha fe. Me gustaba el resultado obtenido pero… no.

Por otro lado en una ronda de corrección universitaria me tocó ser quién daba el cruel veredicto de sí, no, dale más o me parece que debés volver a empezar.

Juro que prefiero ser juzgado a tener que juzgar. No le escapo al rol de observar porque no tenga fundamentos para hacerlo sino porque antes de abrir la boca hay que entender muchas cosas previas para poder emitir una apreciación.
En ambos casos lo que sí creo y estoy convencido que la maduración juega un rol fundamental. La faceta pasional o emocional se pierde dando lugar a una más racional que debe primar. Sea del lado que sea la cabeza cuando puede pensar claramente es un beneficio para todos.

Corregir trabajos de estudiantes que ves por primera y única vez de modo “Express” es de un vértigo sumamente interesante para poner a prueba eso que uno entiende que sabe. Detectar el punto flojo y ver más allá de lo que se está viendo es un ejercicio con un aprendizaje sin valor.

Sería justo decir que esta semana aprendí mucho. Cuando mi contacto dijo que no a mi trabajo y di vuelta la página para trabajar nuevamente la propuesta sin sentir una mínima herida entendí que no me estaba pasando nada negativo. A priori debería haber pensado que sentir bronca es algo natural. ¿Acaso, uno no hace esto con tanta pasión que casi es cómo tener hijos? Pero no. No me afectó, entendí las razones y los por qué. Me gustaba lo hecho y ese no era el problema de que no funcionara.

Con el tiempo se aprende a ver el trabajo de manera impersonal. Es un resultado y punto. Si la cuenta no da habrá que revisar los por qué ya que de eso se trata la corrección.

Corregir en una materia donde rondan las subjetividades guarda un sinfín de posibles arbitrariedades que debemos entender estarán siempre presentes y que habrá que luchar para minimizarlas.

Solo de la amplia y justa mirada podremos salirnos de la natural y dura definición de corrección que no dice ni más ni menos que es una: Modificación que se hace en una cosa o a una persona para corregir sus faltas, errores, defectos o imperfecciones.

Pasar nuestro trabajo por la corrección es y será algo inevitable como lo será también de beneficioso. Para entender un poco mejor esto me quiero quedar con una frase anónima que creo resume muy bien lo dicho.

“Si encuentras un camino sin obstáculos, probablemente no lleve a ninguna parte”.

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