Cuando un barrio diseña ídolos

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Quiero presentarme, pero no sé por dónde empezar. Tengo muchos años de edad, mis padres ya fallecieron y, mis hermanos queda uno por’ay. La verdad es que he vivido tanto que no recuerdo mi fecha de nacimiento exacta, pero sí les digo que fue por ahí de la época prehispánica.

Con decirles que vi la colonización e independencia. Soy originario del Distrito Federal y sigo vivo. Aunque no lo crean soy bilingüe, castellano y caló son mis lenguas. Mi nombre era muy complicado en aquellas épocas, así que me lo tuve que cambiar. Popularmente me llaman “El Barrio Bravo” y mundialmente me llaman Tepito, si, ese es mi nombre.

Vivo a ocho calles del Zócalo capitalino, cuento con treinta y siente calles. Vendo muchas cosas de China, Estados Unidos, India y no sé de dónde más. No me ha gustado como me han cambiado, ya que antes era un barrio donde cada vecindad festejaba el cumpleaños del vecino o la vecina, y ni se diga de las bodas, quinceañeras y posadas. Ahora, la adolescencia pasa a ser un trampolín para ser padre de familia al trabajar y poder mantener al niño que viene en camino a tan corta edad.

Algunos optan por el dinero fácil. Mucho se habla de mí en cada periódico y noticiero. Algunas cosas son ciertas, pero las agrandan convirtiéndome en el malo de la película. Es por eso que a la gente le da miedo visitarme.

En la actualidad me consideran un tendedero que habita en la azotea del barrio, en donde cuelgo la delincuencia, fayuca, miedo y bravura. Bravo siempre seré, pero el sol no ha podido secar la mala fama que me he provocado. Sólo me acobijo entre las lonas que me acompañan en cada puesto del tianguis.
Mi país reconoce que amo los deportes, como la lucha libre, box y futbol.

También me gusta mucho bailar danzón y cantinflear. Así fue como di a luz a: El Santo, Huracán Ramírez, El Místico, Raúl “Ratón” Macías, Cuauhtémoc Blanco y Cantinflas.