Diseñar en el camino correcto: Tres circunstancias que nos llevan a ser mejores (I/III)

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México D.F.- Una pregunta futbolera: ¿Creen que en un país como México, con más de 110 millones de habitantes, en la que el futbol es el deporte más practicado y seguido, no pueda haber suficiente talento para armar una selección que se corone campeona del mundo? Yo pienso que sí, y seguramente ustedes también lo pensaron. Pero sabemos que ese no es el problema, el reto consiste en encontrar la metodología adecuada para hallar a esos prospectos, reclutarlos, prepararlos y entrenarlos.

No se trata de una situación exclusiva del futbol, aplica en cualquier disciplina o actividad y en este caso, en el diseño. En una agencia —por ejemplo—, es tan difícil entontrar al mejor diseñador para un puesto creativo como para un excelente diseñador hallar su trabajo ideal, en el cual pueda explotar todas sus capacidades y talentos.
En este intento por encontrar el mejor trabajo o proyecto y ser mejores diseñadores, podríamos hacer una larga lista de los requisitos indispensables para triunfar, pero existen tres circunstancias que cuando se encuentran, son tierra fértil para lograrlo: el talento, la preparación y el timing. Cada uno de ellos resulta un tanto extenso, por lo cual, vamos a dedicar una entrega para cada una de ellas. Hoy hablemos del talento.

Uno: El talento es de quien lo trabaja

Partamos de la pregunta que nos han hecho desde que entramos a la universidad: ¿el diseñador nace o se hace? Tanto el diseño como los demás talentos que le permiten al hombre alcanzar un estado de perfección debe traer un poco de las dos. Quizá yo —por poner un ejemplo—, pude haber sido un excelente pianista, pero nunca hubo un piano en mi casa o músicos en mi familia para desarrollar este supuesto talento, así que la pregunta quizá nunca encontrará una respuesta.

Sabemos que el talento puede ser tanto que sale automáticamente, así como Mozart de niño podía reproducir cualquier pieza que tocaran de memoria con tan solo escucharla una vez, en otros puede llegar encapsulada y detonar con algún evento fortuito. Eso le pasó al cantante Jack Johnson, hawaiiano que gustaba del surf, y que cuando se lesionó y se vio impedido de poder practicar, tomó su guitarra y decidió componer una canción. Hoy es un exitoso representante del mundo de la música.

Pero por otro lado, el talento que hayamos detectado y decidir ejercerlo requiere de un trabajo intenso. Investigadores como Anders Ericsson, Herbert Simon y Bill Chase han acuñado lo que conocemos como la regla de los diez años en la que afirman que cualquier tipo de habilidad requiere cuando menos de 10 años o 10 mil horas de práctica intensa para poderse perfeccionar. Grandes personajes del tenis como Roger Federer o Serena Williams debieron dedicar gran parte de sus vidas en practicar, antes de convertirse en grandes figuras con miles de seguidores y emuladores.

El talento puede ser fácil de detectar porque implica el goce de quien lo practica. En el caso del diseño se manifiesta tempranamente a través de la creatividad, de la percepción de colores y formas o del razonamiento de comunicación. ¿Se pueden adquirir estas competencias? ¿Se pueden convertir en talentos? Se necesita esfuerzo para hacerlo y sin amarlo, quedará como una práctica simple y forzada, plana, lo que nos lleva a pensar que ambas características son imprescindibles para destacar.

Por otro lado estamos viviendo una época de diseño mucho más madura en la que las especializaciones comienzan a rendir frutos, alivianando el hecho de que los diseñadores deban ser buenos en todo para sobresalir. El mercado va asimilando la labor de diseñar cada vez más enfocada a necesidades muy específicas, lo que permite a un tipógrafo, por ejemplo, poder dedicar muchas horas para perfeccionar una fuente y dejarla al punto porque hay quien está dispuesto a pagar por calidad sobre una solución meramente plana. Con mayor facilidad vamos encontrando especialistas en packaging, en diseño de soluciones frontend para web o de captivates para multimedia. Proporcionalmente, cada vez nos topamos con menos personas improvisadas que alcanzan el éxito.

Hace tan solo 20 años, un diseñador debía ser hasta corrector de estilo para poder obtener un trabajo, y aunque siempre un conocimiento más amplio de la disciplina será un factor a favor del diseñador, las especializaciones permiten el surgimiento del talento como diferenciador.

No quiero decir con ésto que nuestros problemas históricos han quedado resueltos, pero si tomamos una foto panorámica del entorno y la comparamos un par de décadas atrás, encontraremos cambios notables en el ejercicio de la profesión, no solo tecnológicos, sino en la mentalidad tanto de los diseñadores como de los clientes.

En la próxima entrega tocaremos el tema de la preparación, mientras tanto, bienvenidos todos sus comentarios sobre el tema.