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Sin miedo a cobrar

A un médico o un ingeniero nos les piden bajar el precio, ¿por qué a nosotros sí, porque nos dedicamos a la parte artística, porque creen que hacemos dibujos?

¿Cuántas veces les ha pasado que no saben cuánto o cómo cobrar? Sobre todo si vas saliendo de la universidad.

Recuerdo una época en la estaba buscando trabajo, me encontraba como freelancer, al no tener tanta experiencia mis trabajos eran pequeños y aparte eran proyectos con gente allegada como familiares, amigos, conocidos, pocos eran clientes potenciales.

Tuve un proyecto para una fundación, la persona que me lo pidió era un conocido, cuando me preguntó el costo de un logo le di el precio que en ese entonces a mí se me hacía mucho dinero: $1,000 pesos… así es, mil pesos por un logo. Después de que hablé con varios diseñadores expertos, todos concordaban en que el precio que había establecido era una ganga, pero eso no fue lo peor, sino que la persona que me había pedido el proyecto quería que bajará el precio porque se le hacía caro y lo hice.

No saben cómo me arrepiento hoy en día de eso por varias razones, la primera y las más importante fue que al dejar un proyecto bajar, automáticamente menosprecié mi trabajo y el de mis compañeros de gremio y la segunda fue que por ser una persona conocida no pedí adelanto y nunca se me pagó por ese trabajo.

Esa experiencia fue la gota que derramó el vaso porque además de trabajar una lista de precios para los diferentes tipos de clientes -porque creo que sí es importante considerar para quién estás trabajando, no puedes cobrar lo mismo para un negocio local que para una macroempresa-, me di cuenta que sí tenía que establecer ciertos candados para poder trabajar un proyecto, o si lo quieres hacer más formalmente un pequeño contrato que contenga ciertos puntos como lo son:

– Se mostrarán tres propuestas al cliente. Mi elección de tres es porque puedes construir una tal como el cliente pida, la otra que sea la que tú crees que funcionará mejor con el proyecto que está solicitando y una tercera con la mezcla de los dos primeros. Con ello estás abarcando gran parte de lo que podría funcionar y de lo que ha elegido el cliente.

– Tener un cierto número de cambios sobre la propuesta que eligió el cliente. Y sí, mover un poquito hacía la derecha y cambiarle el color cuenta como un cambio. Por ello que tenemos que ser claros con el cliente sobre este punto en un principio, porque además de ser pesado, representa una pérdida de tiempo y dinero y significa un estrés realizar “rápidos y pequeños” cambios.

– Por último, pedir un adelanto del proyecto ya sea entre 50 o 70 por ciento. Esto depende mucho del cliente, sí es alguien nuevo lo más recomendable es pedir el 70 por ciento para amparar cualquier situación de abandono del proyecto y que no quiera pagar lo que se ha avanzado.

El contrato puede contener los puntos que quieras, pero para mí estos son los más importantes para que haya un cliente y un diseñador feliz. Recuerda que este es tu trabajo y tienes que darle valor. A un médico o un ingeniero nos les piden bajar el precio, ¿por qué a nosotros sí, porque nos dedicamos a la parte artística, porque creen que hacemos dibujos? Nosotros también estudiamos durante años para volvernos unos profesionales, y el hecho de que bajamos nuestros precios es algo muy grave para el gremio, ya que lo afectamos indirectamente.

Por eso te invito que cuando realices proyectos cobres lo que realmente vale tu tiempo y esfuerzo más los años estudiados. Los clientes buscan las cosas bien hechas sobre los barato, eso es lo que mi experiencia me ha enseñado, hay veces que eligen a los que cobran más barato y al final terminan con un mal sabor de boca porque no entregaron a tiempo o porque es de mala calidad entre otras cosas.

No compitas con los que abaratan el trabajo, si haces eso, al final todos salen perdiendo y a los conocidos de un diseñador si buscan apoyar al gremio no pidan un regateo, es de mal gusto y no estas ayudando. No tengas miedo a darle el valor a tu trabajo.

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