High Line de Nueva York: retomando viejas ideas

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En los años treinta, en Nueva York, se elevaron las vía del tren que cruzaba por la isla de Manhattan hacia las zonas industriales, con la finalidad de reducir accidentes y hacer más fluida la circulación. Para los ochentas, los trenes dejaron de circular por esta vía que con el tiempo se convirtió en una zona desierta, ideal para vagabundos y delincuentes.

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Comenzaron a escucharse voces que proponían la destrucción la llamada Vía Elevada (High Line en inglés) para poder desarrollar la zona habitacional que la circundaba. En medio del debate, para 1999, Joshua David y Robert Hammond, vecinos de esta zona, decidieron transformar esta vía en un paseo elevado, con la finalidad de que los neoyorquinos pudieran caminar y disfrutar de este espacio. Constituyeron una asociación civil llamada Los Amigos del High Line y diseñaron un proyecto que incluía un camino principal, con bancas para descansar —incluso en alguna parte hasta camastros para tomar el sol—, mostrar una colección botánica y escultórica que enriqueciera este espacio.

Cuando se construyó la primera parte, se encargó al despacho Pentagram el diseño de la identidad y sistemas de señalización. Paula Scher, la directora y socia de la firma comentó: «Cuando me propusieron el proyecto pensé que sería algo rápido, de unas cuantas semanas. Ahora llevo más de 10 años trabajando en un proyecto que no deja de crecer».

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Y es que la reutilización y reconfiguración de espacios públicos en zonas densamente pobladas constituye un reto para las ciudades, pero especialmente para sus ciudadanos, quienes son los que verdaderamente pueden llevar sus grandes proyectos a cabo. La idea de David y Hammond es un vivo ejemplo la manera en la que cualquier proyecto puede cobrar vida si se toma con compromiso y la dedicación necesaria.