¿Por qué Diseño?

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El muro de un colega incitaba a responder ¿Por qué hago lo que hago?, como en la consigna pedía que fuera sintética al estilo twitter decidí no escribir.
Entregar la construcción de un diálogo tan íntimo a la obligación de cerrarlo en un simple concepto de algunos caracteres, era someter al tiempo invertido, a un maltrato al que no estaba dispuesto prestarme.

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A la pregunta respondieron solo tres personas y dos de ellos repitieron con la palabra “pasión” como eje de su respuesta.
¿Se habrán cohibido los otros como yo?
Qué pena que a una pregunta tan interesante que nos llama a la reflexión personal la tengamos que sintetizar como consigna, eso me llevó a preguntarme y hasta cuestionarme por qué hoy todo debe ser al ritmo que impone la modernidad como juzgando que el acto de no ser sintético está mal.

Está claro que nuestra profesión basa su trabajo en la síntesis, que vivimos en función de impactar y seducir pero a la hora de establecer ideas no veo tan mal el darnos un lugar para expresarnos sin la presión del “cuidado que si se aburre se te va el lector”.

De palabras cliché
Entiendo que “Sintetizar” convierte a la palabra en impuesta, vacía y fría para terminar expresándola en otra que comienza ya a sonar por tanto repetida distante, aburrida y obvia como “Pasión”.
Y así todos, de alguna manera, empezamos de a poco a actuar de modo efectivo aunque bastante marcados por el molde de corte impersonal.

Ahora bien, tranquilamente podríamos quedarnos con la sinopsis como método para hablar de una serie como Cosmos o del cubismo y Picasso o de la película Desde el Jardín y la gran actuación de Peter Sellers, porque para qué descubrir más si con la síntesis ya alcanza y me sirve para entender.

Abro paréntesis
Por estos días en mi país se debaten reformas educativas que ponen sobre la mesa la crisis educacional. Dicen expertos en la materia que los chicos en edad escolar han perdido la capacidad de comprender y analizar un texto. Los funcionarios creen que para modificar este flagelo educacional deben nivelar para abajo, buscando evitar la frustración como si fuera esta el motivo de todos los males.

Cierro el paréntesis
Seguramente hemos ganado mucho con los avances tecnológicos que tuvimos en estos últimos veinte años, pero si de algo estoy convencido es que hemos perdido la noción y valor del tiempo como factor fundamental para construir y construirnos.

¿Y por qué hago lo que hago?
Mirando una obra de mi padre me quedé confundido pensando en como llegan ciertas cosas a ser lo que son. Al rato se me acerca él y me confiesa mirando los dos el mismo cuadro que se sorprende porque no tiene noción de como llegó a hacer esa obra. En el estudio días antes habíamos hablado de lo mismo. Tratamos juntos de construir una respuesta como satisfaciendo la necesidad de justificar quizás lo injustificable del arte.

De esa idea colectiva yo entendí que lo que uno ve no es justamente lo que se tiene frente a los ojos, si uno se da el tiempo para observar, se termina leyendo un diálogo extenso, sembrado de contradicciones, de discusiones acaloradas y transparencias superpuestas que dibujan un camino trazado hace ya mucho tiempo y que transcurre el ahora en tiempo constante y sonante.

Ciertamente, sin ánimo de escapar a la respuesta, recién hoy puedo esbozar tímidamente una razón al por qué yo hago lo que hago, de muy chico supe que lo mío iba por la gráfica y la comunicación, pero hoy estoy convencido y puedo expresarlo bien porque tengo la generosidad suficiente de entenderme en el proceso de una construcción profesional en modo “sin prisa pero sin pausa”.

Profesionalmente cuento con la libertad para estar en el personaje sin la obligación de ser sintético porque se me impone o de tener que estar en la posición políticamente correcta porque tenga algo por perder.
Nunca le temí al desafío de lo nuevo por hacer y con el tiempo llegué al punto de estar enfáticamente seguro que puedo hablar con una hoja en blanco sin ninguna presión.

Ahora bien, para cerrar contradictoriamente y con ganas de ser sintético voy a seguir a ese refrán que dice así: “a buen entendedor pocas palabras bastan”.
Yo hago lo que hago porque puedo sentarme con el Diablo a jugar que negocio mi profesión sin ningún temor a perderla.