Experiencia de Usuario

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Frente a mis ojos por la ventana de un bar ubicado en un punto sumamente neurálgico de mi ciudad, Buenos Aires, pasan infinidad de personas en este preciso instante.

El categorizar al instante como preciso me lo faculta el conocimiento cabal que cuando leas estas líneas, por ese mismo lugar habrá mucha más gente que en cualquier otro punto de la ciudad.

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Asumir que por el corazón pasa sangre es en virtud un logro de quienes han investigado y contado al mundo qué sucede ahí cuando nosotros apoyamos nuestra oreja y sentimos el saludable ritmo de la vida.

Lo que estoy expresando de forma medianamente aleatoria no es ni más ni menos lo que sucede cuando practicamos la observación en pos de la generación de hipótesis, relaciones o teorías en base a lo que queremos descubrir o vincular.

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¿Alguien vio un usuario?

Ya hace tiempo que vengo escuchando acerca del USER EXPERIENCE o el UX y hasta no hace mucho vengo callando porque consideraba que no era tiempo de alzar la voz. Hoy creo que al menos para mi llegó la hora de expresarme de viva manera sobre este tema.
Bien dice Mario Balcazar en su última columna al pie: “Hoy en día la experiencia del usuario está determinada por hacer simple lo complejo, por hacernos familiar a su uso y que su manejo sea más intuitivo y lógico, ahí está la diferencia, tan grande como se esforzaba Walt Disney, lograr lo sencillo suele ser un proceso muy difícil.

Debo remarcar en este punto que el artículo es muy interesante y no tiene la visibilidad que debería tener.
En eso está claro que habla y dibuja el perfil de ustedes como lectores al que insisto les atrae ver y viralizar una nota que les dice el cómo hacer antes de una que le despierte el bichito de la reflexión para pensar en el hacer.
Cosas como estas me llevan siempre a esa famosa frase que dice: “señalo la luna con el dedo y todos me miran el dedo”.

La cuestión del UX es cómo ir contra la vedette del momento, esa que nos puede otorgar una esperanzadora vía para comercializar algo de saber y la de ofrecer agua a sedientos dispuestos a todo en pos de una esperanza que tal vez les otorgue la posibilidad de trabajar de eso que tanto soñó y le prometieron que iba a hacer.

Espero ansioso al que quiera esgrimir sus posturas al pie, al que traiga razones sólidas para decir que esto es nuevo, pero realmente nuevo.
El otro día en una red social tuve un intercambio de palabras con un exponente de un seminario de dicho tema. Transcribo una parte de su respuesta a modo de ejemplo para entender también como piensa el que cree en esto: “Creo que el otro sigue siendo el fin, pero en el campo del diseño el punto de partida son las ideas que tenemos sobre el usuario y generalmente son ideas abstractas sobre un ser ideal que supuestamente mirará y entenderá cada uno de los elementos que integremos a la composición. Es tan así que casi siempre los diseñadores no hemos visto a un usuario real utilizando nuestros productos, y menos entendido qué busca y logra realmente con lo que diseñamos. El usuario (en este caso concreto) es claramente una concepción de la persona (el otro) desde el punto de vista del negocio, pero hay abordajes más abarcativos como el de Eduardo Mercovich que habla de HUX (HUman eXperience).

La situación en nuestro campo es así: no se hacen estudios sobre los perfiles de usuarios para los que diseñamos. Y justamente la propuesta del taller va por descubrir al usuario real, algo que la formación académica lamentablemente no tiene en cuenta”.

¿Habremos involucionado?

Desde que tengo uso de razón profesional nunca se encaró un proyecto sin observar lo que se iba a hacer ni ignorar a quien se le iba a hablar. Cuando uno rescata conceptos de Ogilby entiende que la cuestión tiene lo complejo de lo simple que Mario rescataba en su última columna. Que hoy alguien considere al usuario como “un ser ideal” es olvidar quién es y para qué está, porque el usuario es concreto, es su madre, un amigo, la vecina o el chiquito que le pide todas las tardes si le devuelve la pelota que cayó en su jardín. Es él mismo también, el que al despertar verá como todas las mañanas su cara frente al espejo del baño.

A esta altura de la cosa creo que hemos involucionado, que nos hemos vuelto vulgares social y profesionalmente, que hemos sido invadidos por una arrogancia tal que creemos y consideramos a las ideas como propias, ignorando que todo lo que hacemos es para los demás.

¿Cómo salimos de esto?

La selfie intelectual hoy nos descubre que por detrás de este narcisismo digital aparece un ser en nuestra foto, uno muy parecido a mí pero que no soy yo.
Debemos resolver esto de alguna manera y para eso siempre habrá una respuesta del más puro marketing, hagamos algo potente que tenga punch y calme a nuestro amigo angustiado que ve su idea, producto del transe bajo un olivo, frustrarse porque otro no hizo click en “ver más”.

Entiendo que para resolver todo este embrollo la salida fácil es tomar un curso de UX y descubrir a los demás en un click en el ¡llame YA! Lo difícil es entender que vivimos en sociedad, que diseñamos para la gente y que los importantes son ellos y no nosotros. Que lo simple siempre será muy complejo y que al caminar la calle descubrirás el mundo, que en el mirar y aprender a mirar está la clave de muchas cosas y al estar atento al tomar nota emocional del espacio en virtud de ampliar el sentido del registro tu universo se ampliará.

Si uno siente en chico piensa y proyecta de igual forma, nuestra profesión interactúa de manera amplia, generosa y democrática con el otro, se adapta para llamar su atención y poder generar un canal de diálogo que beneficie a la construcción.

A modo de cierre

Muchachos defensores del UX, recapaciten y recapacitemos, entendamos que esto es eso que nunca debimos dejar de hacer, que no es algo nuevo y que en los cincuenta ya se practicaba el estudiar al otro para entender su comportamiento. Seamos francos y no generemos la sensación que hay que comprar ese módulo de nombre raro para engrosar nuestra voz y afirmar que además tengo una especialización en el usuario y su experiencia.

Volvamos a las fuentes, volvamos al oficio, volvamos a la calle y volvamos a ser realmente diseñadores dignos por nuestra propia acción social. ¡Volvamos a ser usuarios!