¿Arquitectura para todos?

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¿Qué cosas debe ofrecerle la arquitectura a la sociedad de hoy en día? Años pasaron desde que sabemos que, como expresó Le Corbusier, la vivienda debe ser feliz. Debería ser cosa asumida ya.

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dani

Disciplina en crisis

Asumiendo que nos encontramos ante una crisis de la disciplina arquitectónica, ¿cómo deben anteponerse los arquitectos ante este punto crítico en la historia de la profesión? Hacer política es hacer ciudad. Pero, en muchos casos, hemos logrado un efecto no deseado. La pérdida de la escala humana en ciudades modernas como Dubai pero también no tan nuevas como Los Angeles, han provocado la ausencia del espacio sensorial de la arquitectura. Ciudades pensadas para ser recorridas en 60 km/h, imposibles de recorrer como peatones capaces de movernos a unos torpes 5 km/h. Nos avecinamos cada vez más a la preponderancia de esos no lugares de los que Marc Augé ya habló hace tiempo.

¿A dónde fue a parar la idea de comunidad local en el urbanismo? Vivimos en ciudades gobernadas por un planeamiento neoliberal que sólo ve gasolina frente a sus ojos. La desigualdad económica y social es una crisis urbana. La ciudad del consumo es arrogante y no nos ha dejado más que una crisis cultural. Sometidos al poder económico de los inmobiliarios y a los políticos que se creen arquitectos (y los arquitectos que se creen políticos), somos gobernados por la arrogancia y el elitismo.

Participación ciudadana

Pero desde Occupy Wall Street hasta la Primavera árabe, pasando por los disturbios griegos, vemos colectivos que anhelan un cambio de paradigma. Afloran espacios de colectividad y participación ciudadana en la informalidad y la frontera. Grupos de personas que, cada vez más, se sienten ciudadanos antes que consumidores. El aumento del capital social derivado de una mayor convivencia, empatía y confianza. Se vuelve menester el reencuentro y la reapropiación de los espacios públicos.

Arquitectura informal

Es común pensar en la vivienda informal como un ejemplo de barbarie al estilo Sarmiento. Pero ciertamente allí es donde está la verdadera innovación ya que, ¿dónde sino en la emergencia económica se encuentra tal imaginación urgente? Hay un arte al que hay que prestar mucha atención: no es sólo precariedad, es la urbanización desde abajo. En este sentido, la importancia no radica en la apariencia, cómo se ven, sino en la funcionalidad y uso que se le da.

Cuando pensamos en la arquitectura de emergencia, lo que por lo general viene a la mente son las aldeas arrasadas por las inundaciones, por un huracán o un tornado. Las familias que lo han perdido todo. Desde la catástrofe surge un nuevo hogar para una nueva vida, un nuevo futuro para la reconstrucción de los escombros. A pesar de contar con escasos recursos en mano, el colectivo es capaz de crear estructuras que cumplen con propósitos muy específicos: desde tiendas de campaña improvisadas para dormir hasta un columpio para pasar el tiempo.

Pero siempre es la arrogancia en el arquitecto y la falacia de autoridad la que mira para otro lado. Se recurre a la monotonía de la vivienda social y poca atención se le presta a la tipología de la vivienda informal, que tanto tiene para ofrecer por su propia naturaleza, fugaz. Es una creencia generalizada y tácita que sólo los arquitectos están capacitados para pensar críticamente sobre arquitectura. Sin embargo, WikiHouse surge como un ejemplo al que, para bien o para mal, debemos estar atentos. Se trata de un proyecto sin ánimo de lucro, que desarrolla hardware y software, abierto y compartido entre todos y para todos con el objetivo de permitir que cualquier persona pueda diseñar, descargar y construir casas, que se pueden montar con una habilidad y conocimiento mínimo.

La arquitectura surge con cada movimiento o protesta. Un campo de refugiados, un asentamiento informal, una infravivienda es también ciudad. Comencemos a ofrecer arquitectura para todos por todos.