Puedo hasta eclipsar las luces

0
20

Todo iba a suceder el primero de enero de o del dos mil. El mundo se paralizaba, el ordenador para vos, la compu para mí, el auto, la vida, todo estaba por explotar si no trabajábamos para solucionar este problema con los calendarios de los sistemas operativos.

Notas relacionadas:
Educando la mirada
¿Y tú qué piensas?
Sea diseñador gráfico en 5 pasos

En realidad y viendo a la luz de los hechos ese día se había puesto en funcionamiento una bomba de tiempo peor, que en este preciso momento estamos tratando de desactivar.

Print

¿Hay que Cortar el rojo o el azul?

En tv una entrevistada desafía a viva voz “Soy tan importante para poner en un tweet ¡Buenos Días!, es necesario, pero por favor!!!”. Qué nos pasó, si no salió ningún Martin Luther King o Gandhi a decirnos que nuestro momento de espectacularidad había llegado. No creo que Mark, Bill o Steve sean de esos líderes agitadores de masas, pero debo pensar y contradecirme ya que quedaron como líderes de ese puesto vacío que ocuparon sin saber bien por qué. Es entendible que no había otro que se sentara en esa silla vacía llena de confusión que proponía el inicio del nuevo milenio.

Estamos medio ahí, a los tumbos tratando que el sudor no nos caiga sobre la bomba, pero como tenemos de espejo los registros históricos, sabemos que el comienzo del anterior milenio fue bastante confuso y con eso nos tranquilizamos o más bien nos esperanzamos que todo va a salir bien.
A contra pierna de Joaquín Sabina el diario de hoy habla de vos y de mí y que muy bien pone en palabras Daniel Molina de todo esto que nos sucede diciendo: “Gran parte de la humanidad hoy es anfibia: vivimos entre dos órdenes. Realizamos acciones en el mundo de los átomos, pero no sólo en él. Incluso muchas de nuestras acciones más importantes comienzan, se registran o terminan en el mundo virtual. Aunque no nos guste reconocerlo, interactuamos más con pantallas que con personas.
El proceso de digitalización y virtualización de la experiencia humana no para de acelerarse.”

En este punto me pregunto si hay que cortar algún cable o esperar a que llegue a cero el contador y ver si explota, desde Singularity University en una charla celebrada en Buenos Aires se sacudió la monotonía al establecer que “En 15 años el 46% de los empleos que hoy conocemos desaparecerán“.
De paralelo en una audiencia en un festival de ecología, alimentos orgánicos un médico preocupado por los desórdenes alimenticios y la depresión explica que nuestro cerebro está preparado para el stress corto y un montón de cosas más que se resumen en que nuestras funciones siguen siendo las primitivas en una vida que ya no es primitiva ni ingenua.

Cada vez que nos distraemos con un email tardamos 16 minutos en volver a concentrarnos en lo que estábamos haciendo y si nos ponemos a ver que necesitamos una cadena de seis mails más para interpretar que se quiso expresar nos encontraremos que las empresas se están tomando como un punto sumamente importante las políticas de uso y su capacitación. “Que cualquier persona tenga en sus manos la libertad de usar la herramienta es un verdadero desastre para la compañía” sentencia un gerente general de una empresa de bauleras de alquiler en referencia al problema del uso del correo electrónico.

Relajate. ¿Podemos relajarnos?

No quiero aparecer en el street view le gritaba a su amiga por el celular ya que había perdido su intimidad se sentía desnuda a tiempo que otro en la misma esquina le pasaba el link a su grupo de amigos de whatsapp para que todos visualizaran y viralizaran a él ya inmortalizado paseando su perro por la puerta de su ex novia. Todo el blanco y negro al más alto contraste posible en un microsegundo de nuestra humanidad. Bien remarca Molina al considerar que: Ese proceso se aceleró con la aparición de internet. Las redes sociales nos permiten a todos alcanzar el estatus de “figura pública”. Ahora todos podemos ser personajes, pero para eso debemos vivir exhibiéndonos.

Más adelante se cuestiona la pérdida de intimidad y contrapone la idea remarcando si no fuimos siempre pura superficialidad para resumir en que las categorías y las formas de vernos y pensarnos están determinadas por los procesos culturales en que vivimos.
Su nota cierra con una disyuntiva muy interesante al establecer que Warhol nos prometió un futuro en el que todos podríamos ser famosos por 15 minutos y ahora que lo hemos logrado deseamos un futuro donde podamos ser desapercibidos y anónimos por al menos 15 minutos.

Tenemos un futuro para armar

Tomás Escobar, creador de Cuevana que hoy trabaja en una plataforma educativa llamada Acámia dice que “El mundo va cambiando, el 65% de los chicos que hoy está en la primaria va a trabajar en puestos que todavía no existen. El sistema educativo tradicional no puede adaptarse con la velocidad necesaria. Hay una brecha entre lo que pide la tecnología y lo que el sistema educativo puede dar. ”

Todo lo expuesto me deja en claro que no es un momento para atravesar de manera tibia y que un simple texto como este pueden despertar el máximo halago como la suprema crítica agitada.
Cuando yo sostengo que el diseñador gráfico ha muerto, que no existe más y que nos estamos fagocitando lo poco que nos queda vendiéndonos ilusiones de workshop, el agua se agita de sobremanera.
Lo digo entendiendo que la oferta o la demanda de algo hace a la importancia del objeto y nuestra profesión atraviesa este futuro entre mucha oferta y poca demanda, sin olvidar que es incentivada por los simples app que nuestro nuevo smartphone trae incorporado donde con un abrir y cerrar de ojos me convierte en algo que hasta ayer tenía que comprar a un profesional.
Igual seguimos pensando que podemos eclipsar hasta las luces con nuestro arte.

Los números siguen en su final countdown, todo está en un veremos que se construye a segundo por segundo esperando la estrellita de alguien a ese tweet lanzado a la masa humana de seguidores que me declama una palabra, y yo se las doy -“estoy comiendo brócoli, y ustedes que hacen???, nos leemos, please hagamos social media”-
Voy al baño, me encierro, lloro mi vacío y vomito porque sufro de anorexia intelectual. Salgo al ruido de la fiesta con una sonrisa espléndida, de manera superada y pregunto. ¿Somos tan importantes?
Yo, tengo mis dudas.