Los árboles mueren de pie

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El dramaturgo español Alejandro Casona en su libro ”Los árboles mueren de pie”, en un brevísimo resumen nos refleja en la trama de su novela, como la mentira, funciona de sostén de la armonía por sobre cualquier realidad.

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¿Te preguntarás a qué viene esto?
Bien, vamos a hablar a corazón abierto. Yo hace rato que perdí el miedo y dentro de ese reto está incluido el no callarme nada.
No tengo tiempo ni ganas de sostener ninguna mentira, en tal caso tengo si pactado con mi propio yo profesional el dar pelea hasta las últimas consecuencias en pos de seguir siendo esto que quiero ser y hacer.

Ahora bien, uno puede confrontar dentro de su trabajo con las vicisitudes económicas ajenas al trabajo, uno puede y debe saber entender las reglas del juego comercial, no cobrar en tiempo, afrontar presupuestos no compatibles y demás cosas con las que muchos podemos ya saber o las que quizás estés descubriendo.

Hablemos de esa confrontación que va directo a tu trabajo, con tu quehacer, con la falta de respeto que hace que pierdas ganas o mejor dicho en lenguaje boxístico te están pegando tanto en la cintura que las piernas han comenzado a doblarse.

Uno espera que las instituciones, los medios y los interesados en que haya diseñadores nos cuiden, nos crean y nos consideren necesarios.
El conjunto no puede verse ni debería siquiera pensarse traicionado por estos actores principales que hacen a la razón y marco de nuestra profesión.

Yo fui formado en agencia de publicidad a la vieja usanza bajo la modalidad de un training, me dedicaron tiempo en enseñarme todo lo referente al oficio y no me pidieron nada. Paralelamente fui a la Universidad de Buenos Aires a la Facultad de Diseño y Urbanismo FADU, ahí me profesionalicé bajo la educación pública y tampoco me pidieron nada.

Estimo que lo único que perseguían en ambos casos era que fuera un buen profesional y que aportara con mis prácticas y buen conocimiento al conjunto y que el día de mañana sea formador de nuevos y mejores profesionales.

Hoy enseño en una universidad privada y podrías preguntarme, ¿por qué no lo haces en donde te formaste?
La respuesta es simple y directa, porque hoy hay 1600 docentes Ad Honorem, muchos de ellos en promedio tres años bajo esta situación, en la universidad que me formé. Sí, la perversidad y el maltrato llegó de nuestro propio lado, de nuestros pares y superiores.

Ya el maltrato y la falta de respeto no viene del mercado, no llega de la mano del cliente, sino muy por el contrario, viene de nosotros mismos.

Perdón si estas líneas llegan muy teñidas de la falta de orden en las instituciones de mi país, Argentina, pero me parece importante estar sabidos y avisados ya que las malas ideas se copian enseguida.

Estos docentes hoy están realizando una campaña para que les reconozcan un refrigerio y el transporte. Simplemente están pidiendo nada para un estado que se embandera orgulloso de la educación libre, pública y gratuita.
Los profesionales encontramos en la educación un lugar para crecer intelectualmente, para retroalimentar el conocimiento y mantener viva la pasión, muchos dedican tiempo a la investigación y no respetarlos es, con perdón de la expresión, escupirnos a todos en la cara.

Hoy todos atendemos nuestro juego y tratamos de flotar aferrados a nuestra pequeña tabla pero como en la novela de Casona, cuánto tiempo podremos sostener esta situación de lo maravilloso que es graduarse de diseñador.

Imagino que si un país a través de sus ministerios decide tener muchas universidades que enseñan diseño de todas las ramas es para sustentar la idea de lo importante y estratégico que significa esto. Para aprender seguramente necesitaremos gente con calidad que enseñe y así en consecuencia con todo lo que hace a este sueño.

¿Entonces es necesario ejercer semejante perversidad?
A mi entender no, pero uno empieza a ver, que los que deberían estar interesados en que muchas de estas cosas no sucedieran no hacen nada o en tal caso hacen poco por transformar la realidad.

En mi país hay entidades intermedias de gobierno nacional y provincial que trabajan para difundir en pymes lo importante de la incorporación del diseño al sistema productivo. Si yo tengo que hablar por mi estudio debería afirmar que si no existieran sería lo mismo para mi. Estoy inscripto activamente en los censos, cumplo con todos los requerimientos comerciales y nunca llegué a un cliente por esta difusión, nunca me hizo mención de saber que estos lugares si quiera existen.

Es importante que seamos sustentables, que haya dignidad laboral para todos y para eso están los estados, para regular y pensar el buen funcionamiento productivo.
Tener empleados públicos sin pagarlos es un delito que no debemos permitirnos ni permitir.

Te voy a contar un cuento.
Hace unos meses atrás, un día como hoy, el diablo vino por mi profesión, le puso precio, tomamos un café y el me dijo que eligiera un trabajo, que le entregara mi profesión y él a cambio me daba un buen sueldo de por vida.
Debo reconocer que dudé, le pedí unos días y hasta me sedujo con un sí. Por un momento pensé en que el diablo no era tan malo.

En definitiva la segunda vez que nos vimos con tono indignado y medio molesto le dije que estaba muy equivocado y que no había dado con la persona indicada. Que prefería quedarme con mi profesión pese a cualquier problema que tuviera.
Me contestó antes de irse que consideraba muy valiente mi elección pero que me iba a raspar y golpear bastante si quería seguir vivo profesionalmente.

Hoy los codos y rodillas hablan por sí mismas, mi ropa no está limpia porque con cada zancada tropiezo y muchas veces caigo, pero por suerte me levanto. Tengo en cada caída su cara y me juré inventarme esta historia para estar vivo, porque si algo entendía de todo esto, es que si voy a morir profesionalmente, será de pie.