La primera vez que me llamaron para un trabajo no me aguanté las ganas y en la entrevista les pregunté de dónde habían sacado mis datos. Muy fácil —me contestó quien después se convirtió en mi jefa—, llamé a Quórum y pedí que me enviaran currícula de candidatos.

Estamos hablando de una era en la que el internet aún no figuraba en nuestras vidas mortales. Recuerdo que ese mismo año había asistido a unas conferencias de diseño y en ellas, Quórum (Consejo de Diseñadores de México, A.C.) tenía su stand. Por una cantidad que equivaldría hoy a unos $250 o $300 pesos, me inscribí como «Amigo Quórum» y posteriormente les hice llegar mi currículum.

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Años después, ya como un profesional con cierto kilometraje me pregunté (y hoy lo sigo haciendo), por qué no existe una asociación de diseñadores profesionales en nuestro país, que cumpla con la expectativas mínimas de cualquier practicante, tal y como sucede con organismos de otros quehaceres, como el Colegio de Arquitectos o de Contadores, la Asociación Mexicana de Pediatría u otras organizaciones de diseño, tales como AIGA (American Institute of Graphic Arts) en Estados Unidos o Design Council en Inglaterra.
Estas son algunas de las respuestas que se me ocurren:

El diseño es una profesión muy difícil de evaluar. A diferencia de un médico o contador, que requiere de una licencia para poderse practicar, misma que tiene caducidad, obligándolos a tomar cursos de actualización constantemente. En diseño no es necesario ni siquiera contar con una cédula profesional para poder practicar. Ello limita considerablemente las capacidades para poder forzarnos a estar en constante actualización y de cobrar lo justo como gremio.

No existe un líder nato por el cual nos sintamos representados. Podremos encontrar muchos grupos en Facebook, así como asociaciones civiles que engloban a diseñadores con fines comunes, pero no contamos con un representante claro repositario de la confianza de la mayoría de quienes practicamos. Podríamos pensar en Encuadre, que es la Asociación Mexicana de Escuelas de Diseño Gráfico, pero está muy enfocada en su actividad, con la cual la mayoría no aplica. Si tuviéramos grupos abiertos las posibilidades de mutar a una asociación nacional serían mayores.

Los diseñadores somos hasta cierto grado muy egoístas. Es uno de los problemas de los que más nos quejamos, que el de junto difícilmente nos compartirá una cotización o nos podría asesorar para un proyecto. Falta mucho la parte social en la cual retribuyamos a la sociedad como gremio.

Somos muy desorganizados. Nuestra alma creativa nos impide pensar en proyectos de esta índole a largo plazo. Nuestros proyectos mutan demasiado rápido y no existe continuidad en proyectos. Lo podemos ver en la mayoría de los blogs de diseñadores independientes, que comienzan escribiendo con mucho ahínco y poco a poco la gasolina se va acabando hasta terminan en total inactividad.

No estamos acostumbrados a pagar. Con todo y que se trata de una de las carreras que requieren altos presupuestos, cambiamos de computadora con cierta irregularidad y se vuelve difícil encontrar diseñadores con programas de diseño legales instalados en sus computadoras. ¿Qué tan fácil sería que diseñadores del país desembolsen una cuota anual para pertenecer a una asociación colegiada?

No existe tanta especialización. Lo podemos ver en las conferencias de diseño que se organizan. Casi todas abarcar temas lejanos unos de otros. Si acaso los tipógrafos y medios digitales son quienes mantienen una hegemonía más marcado, pero son muy pocos. Difícilmente encontraremos un evento especializado en empaque, en identidad corporativa o señalización.

¿Qué ventajas tendría una asociación de diseñadores?

Muchas de ellas no son tan palpables, pero como si fuera una lista de buenos deseos, imagínense estos escenarios:

-Descuentos en papelerías, equipo de cómputo y especializado (guías de color, por ejemplo), bancos de imágenes, cursos en línea, programas de cómputo (muchas veces, las membresías se pagan solas haciendo uso de los precios especiales que podrían ofrecerse).

-Eventos anuales por especializaciones y generales (con descuentos para miembros).

-Descuentos en maestrías, diplomados y cursos.

-Organización de concursos de diseño.

-Representación ante instancias legales y gubernamentales.

-Exposición de portafolios de trabajo de sus miembros a empresas que busquen talento (como empleados o despachos), así como exposición de currícula en el caso de estudiantes y recién egresados.

-Tener una agenda común en temas de interés social como sustentabilidad, educación y finanzas, a través de cursos, manuales y sitios web.

-Tener guías y tablas de costos, así como asesorías y la posibilidad de crear asociaciones para proyectos multidisciplinarios.

-Certificación de profesionistas, despachos y agencias que permitan una mejor exposición, con prácticas sanas y éticas.

-Cuidar y mejorar la imagen ante la sociedad y por ende, dar mayor valor al diseño.

Realmente existen muchas ventajas, aunque muchas de ellas vendrían a mediano y largo plazo, pero más que unirnos y sentir que pertenecemos a una asociación, la idea sería tener un

Design Lifer
Diseñador gráfico con maestría en diseño editorial por la Universidad Anáhuac y con cursos de Publishing en Stanford. Actualmente dirige MBA Estudio de Diseño, dedicado al diseño editorial, identidad y publicitario, además de realizar scounting y contratación de talento de diseño para diferentes empresas. Es profesor en la Universidad Anáhuac y la UVM. Le gusta la caligrafía, tipografía, la música y la tecnología.